Ley de educación ambiental vs. realidad empírica

En un trámite sin contrapuntos se dictó la ley de educación ambiental; sin duda es de importancia suprema que en especial las nuevas generaciones estén informadas sobre la rigurosa necesidad de cuidar el planeta y garantizar la biodiversidad como valor intrínseco no negociable.

Por Daniel Bracamonte

El antropocentrismo nos llevó al borde de una situación de extinción e inclusive la propia ley como expresión de ese antropocentrismo pone el centro en lo humano y no en la naturaleza como sujeto de derecho.

Ahora bien… La ley crea un marco para desplegar la educación ambiental en diversos niveles y asegurando la pluralidad en el acceso a la información. Claro está, que como en todo país federal es muy  probable que el contenido por ejemplo de un programa de educación ambiental en escuelas primarias o secundarias en CABA sea diferente al de la provincia de Salta, porque como bien sabemos la educación siempre va de la mano de la ideología y los intereses predominantes.

Otro aspecto que aparece en la ley es la cintura para incorporar a sectores o reivindicaciones que son estratégicos en la época, como ser el ecofeminismo, aunque estos son parcialidades cuando se habla de protección del planeta y del factor fundamental de su deterioro, el sujeto humano.

Los buenos y los malos en materia de destrucción y contaminación planetaria están más vinculados a un concepto de clase que a uno de género, pero si bien no todos tenemos la misma responsabilidad frente a la situación a que llegamos, ninguno de nosotros puede eludir por lo menos el cargo de partícipe necesario.

El otro actor que aparece son los pueblos originarios y allí otra valoración cargada de parcialidad histórica. Tomemos a los Incas, eran grandes agricultores y su frontera agrícola se extendía a medida que aumentaba su población, de hecho sometían a otros pueblos para tener mano de obra esclava y aumentar su producción.
 

Si los conquistadores no hubieran llegado, quizás hoy los agrotóxicos  serian usados por los descendientes de los originarios Incas.

El llamado respeto de los pueblos originarios hacia la tierra estaba sostenido principalmente por lo exiguo de sus poblaciones en relación a territorios y recursos de las zonas habitadas y su estilo de vida ajeno a la “evolución civilizatoria”.

Para ser más ilustrativo hoy se sabe con certeza que las ciudades Mayas abandonadas fueron el resultado del agotamiento de los recursos en sus zonas de implantación, es decir depredaron de forma brutal la naturaleza al punto de hacer caer su población dramáticamente.

En el proceso de saqueo y abusivo uso de los llamados recursos naturales a lo largo de la historia humana, no hay dos líneas evolutivas. Los Neandertal se extinguieron en parte porque el homo Sapiens lo expulsó de sus ancestrales lugares de caza en un mundo donde lo que sobraba era espacio y “recursos”. 

Sin duda en ese proceder humano sobre la naturaleza hay saltos cuantitativos y el capitalismo fue y es la mayor expresión de la mercantilización de la naturaleza, de hecho la calificación de “bienes naturales” a lo que tomamos del planeta, marca claramente el significado que tienen para nosotros los ríos, los bosques, las montañas, el océano; son en primer lugar un recurso para nuestra sobrevivencia y expansión, “un valor de cambio”. 

Para educar en temas de ambiente debemos abandonar los conceptos antropocentristas e igualarnos con el resto de la vida que en su enorme diversidad habita el planeta. 

El articulo III en el inciso K) de la ley de amiente dice: El ejercicio ciudadano del derecho a un ambiente sano debe ser abordada desde un enfoque de derechos, promover, equilibrar  y aportar para el desarrollo humane y productive de las presentes y futuras generaciones  en relación con la vida, las comunidades y los territorios.
 Y aquí aparece la infinita palabra “desarrollo”, que podemos asociarla a asegurar la continuidad del consumo y, paradójicamente en otro párrafo habla de cuestionar los modelos vigentes, ¿hay un modelo intermedio entre consumo o desconsumo?; hasta hoy no se escribió una sola letra con sentido sobre esa tercera vía.  

Esta ley deja abierta su formulación práctica. Sin duda, será un punto de inflexión en nuestro sistema educativo. Sería importante que en el capítulo 1 de la materia educación ambiental; éste  la autocritica, el cuestionamiento severo de lo que fuimos y somos como especie, de nuestra incapacidad de cambiar, de abandonar nuestra gula y avaricia.

Y por último esta ley tendrá un obstáculo complejo de superar, es la de no terminar siendo un simple folleto abstracto frente a la verdad empírica.

FUENTE: Periodismo Ecológico