Se estrena «Nido», un documental sobre el desastre provocado por Colony Park narrado por los isleños

El desastre medioambiental en el Delta y la expulsión de los isleños provocados por el proyecto inmobiliario conocido como Colony Park, que finalmente fue frenado por la Justicia, son los temas que aborda «Nido», el documental de Miguel Baratta que este jueves se estrena en el Complejo Gaumont.

El relato recoge el testimonio de los pobladores que resistieron la expulsión de las tierras que ocupan desde siempre. «Muchos isleños debieron irse a vivir al continente porque no tenían donde quedarse tras perder su vivienda y sin la posibilidad de sustento», describe Baratta en comunicación con Télam.

La película ubica a un fotógrafo (Nazareno Russo) que llega al Delta a hacer una serie de retratos sobre los isleños y, poco a poco, se va interiorizando sobre la lucha que llevaron adelante contra un megaemprendimiento que comprendía lujosos countries.

«No es verdad que pensar en el progreso de ese espacio sea necesariamente ejecutar su destrucción, todo lo contrario», afirma el director ante el cuestionable dilema entre desarrollo y cuidado del medio ambiente.

-¿Qué fue lo que más te impactó al tomar contacto con los pobladores del Delta y ver en el lugar las consecuencias del avance de los emprendimientos inmobiliarios?

-Particularmente el lado humano de todo el conflicto. El hecho de que les hayan tirado las casas abajo, les hayan robado las herramientas de trabajo, los hayan despojado de todas sus pertenencias. Esas heridas son muy profundas y traen consecuencias tremendas, muchos isleños debieron irse a vivir al continente porque no tenían donde quedarse tras perder su vivienda y sin la posibilidad de sustento que los dejó a la deriva con sus familias.

-¿Cómo decidiste la puesta, con un observador que es a la vez fotógrafo, que además de recoger el testimonio de los isleños va retratando la belleza del lugar?

-La idea de la puesta de cámara es acompañar al protagonista de la película en su investigación y exploración. Desde allí, la cámara es más observadora que narradora, es más lo que descubre que lo que muestra.

-La película habla de un pasado en donde los isleños vivían en armonía con la naturaleza pero también en condiciones de pobreza extrema. ¿Hay un punto intermedio en donde se pueda conciliar el progreso, el cuidado del medio ambiente y la mejor calidad de vida?

-Sin ser un especialista en el tema me atrevo a decir que sí, pero, por supuesto, depende de la voluntad política. Los isleños viven allí en armonía con el lugar, cuidándolo y protegiéndolo, algunos en condiciones más humildes que otros, pero no es verdad que pensar en el progreso de ese espacio sea necesariamente ejecutar su destrucción, todo lo contrario. ¿Qué es el progreso? Ante esa pregunta se abren muchas aristas de una discusión profunda, que no es llevarse todo por delante en pos de un rédito económico, sin respetar a la flora, la fauna, el curso de los ríos, los hábitos y costumbres de la población ancestral y sus medios de vida. Hay una salida, hay una posibilidad, pero es de la mano de los pobladores y respetando la naturaleza.

-¿En el algún momento pensaste en incluir la voz de las empresas denunciadas por los lugareños y de las autoridades del gobierno?

-Sí, por supuesto, pero sinceramente lo descarté rápidamente. Creo que la película se para en un lugar político tan determinante que no le hace falta oír lo que esa voz tiene para decir. Ya todos la escuchamos mil veces en tantísimos proyectos de similares características y no traen nada nuevo. Se repite siempre el mismo patrón de mentiras y argumentos falsos.

-¿Cómo te afecta personalmente el conflicto siendo oriundo de Tigre?

-Conozco la problemática desde sus inicios a raíz de las actividades de los isleños que se manifestaban para darle visibilidad al conflicto. Desde ese momento me llamó la atención el universo del Delta, ese territorio cercano pero a la vez desconocido y de alguna manera extraño. En mi infancia crecí a unas pocas cuadras del Río Reconquista, me bañé allí muchas veces con mis amigos luego de jugar al futbol en el campito y hoy ese espacio ya no existe porque la gente lo tuvo que habitar tras los desalojos que hubo en la zona hace muchos años con la instalación del Tren de la Costa, y el río en el que nos bañábamos tampoco, es un canal de desechos químicos, un espejo negro. El deterioro de la naturaleza en esa zona es catastrófico y está a la vista de cualquiera. Haber encontrado la posibilidad de narrar este conflicto me abrió las puertas para también defender de alguna manera la tierra de mi infancia. Allí es donde me anclé para encontrar mi propia motivación para hacer esta película.

-¿Creés que la película va a ayudar a tomar conciencia sobre la preservación de los humedales?

-La película se propone, de alguna manera, ser un granito de arena más. Por supuesto que es una acción muy pequeña en el marco de gran lucha que vienen dando personas, vecinos, agrupaciones, colectivos y cooperativas. Lo que sí me gustaría es que esas agrupaciones sepan que la película está acá, disponible, para acompañar cualquier actividad que gire en torno a la defensa del humedal y la resistencia contra cualquier emprendimiento de impacto ambiental. Poco a poco, con la difusión de la película se va conformando una red muy enriquecedora en la que nos sentimos muy a gusto y a la que queremos brindarnos, poniendo a «Nido» a disposición para que estos temas se difundan y las voces de los isleños sean escuchadas en todos los lugares que se pueda.

FUENTE: tigrealdia.com.ar

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