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Sergio Maldonado: “La falta de decisión política garantiza impunidad”

El 1 de agosto de 2017 la Gendarmería Nacional desató una brutal represión contra manifestantes mapuches que llevaban adelante un corte de ruta. Durante las corridas, los gendarmes, bajo el mando de Patricia Bullrich y la supervisión de Pablo Noceti (que estuvo en el lugar en dos ocasiones ese mismo día) ingresaron al Pu Lof Cushamen persiguiendo a los manifestantes que realizaban el corte de ruta hasta las cercanías del río Chubut.

En ese “desalojo” de ruta ejecutado con palos, golpes, balas de goma y de plomo es cuando se lo ve por última vez con vida Santiago Maldonado. El joven, nacido en 25 de Mayo, provincia de Buenos Aires, había llegado desde el Esquel el día anterior para participar de esa jornada de protesta en la que se pedía la libertad de Facundo Jones Huala.

Santiago había cumplido 28 años el 25 de julio y tenía pensado viajar a su pueblo para celebrar el cumpleaños junto a su familia. El 2 de agosto la comunidad mapuche informó a la familia que no encontraban a Santiago.

El señalamiento a la comunidad mapuche fue una constante durante el gobierno de Mauricio Macri y su persecución un objetivo permanente de la entonces ministra de Seguridad. Las sucesivas represiones, la persecución a dirigentes políticos y el intento de la Corte Suprema por liberar a los genocidas de la última dictadura militar fueron el contexto de la desaparición del joven Maldonado, el más chico de tres hermanos.

La primera manifestación por Santiago Maldonado en Buenos Aires se realizó el 7 de agosto ante el Congreso de la Nación. El pedido por su aparición con vida se multiplicó en la Argentina y en el mundo.

En las escuelas de la Ciudad, desde el gobierno estaba el pedido expreso de no nombrar a Santiago. Setenta y ocho días después, en un cuarto allanamiento a orillas del río Chubut, su cuerpo apareció en una zona donde el agua alcanzaba 50 centímetros. Después de una autopsia realizada por dos peritos (a los que se sumaron 50 que siguieron el procedimiento a través de una pantalla) determinaron que la causa de muerte fue ahogamiento. Con ese escueto y breve dato, el juez Gustavo Lleral un año después decidió cerrar la causa. Antes de anunciarlo públicamente, llamó a la mamá de Santiago para disculparse. Luego negó este llamado y al año siguiente, renunció a la causa.

A cinco años de la desaparición forzada seguida de muerte, su hermano Sergio convocó a una nueva manifestación. La última fue en 2019. Esta vez, lo que pide es que la Corte Suprema apure la designación de un juez y determine una investigación como desaparición forzada. Hace apenas unas semanas, la Comisión Interamericana por los Derechos Humanos aceptó hacerse cargo del caso, luego de que, en mayo, apareciera un nuevo testigo en la causa. Eso fue un paso más para que Sergio Maldonado, y la familia de Santiago terminara de armar ese rompecabezas de testimonios y declaraciones sobre lo que sucedió ese día. Con estos elementos, el lunes se manifestarán en Plaza de Mayo para pedir verdad y justicia.

-¿Qué aportó y cómo se movió la justicia con la aparición de este nuevo testigo?

–Esta persona de dentro de la Gendarmería, que es personal de salud aportó un montón de información. Eso se volcó al fiscal. Lo que sucede es que hasta que no haya un juez que pueda investigar, todo ese testimonio no se puede profundizar. Se está perdiendo mucho tiempo con algo tan valioso. Estuvimos tanto tiempo a la espera de que alguien diga algo y la testigo que aparece ahora no puede ampliar la declaración porque no tenemos un juez en la causa.

-Hubo una decisión judicial, pero también hubo mucho abandono político en acompañar o no la causa por Santiago, ¿cuál es tu opinión o hipótesis al respecto?

-En realidad, hubo una falta de decisión política. Esa falta de decisión acompaña a que se siga garantizando la impunidad. El silencio sigue siendo un cómplice necesario en este caso.

-En Latinoamérica, particularmente en Colombia, las desapariciones forzadas siguen siendo un problema muchas veces silenciado por el poder político, ¿qué vinculaciones ves con lo que pasó con Santiago?

-Lo pude comprobar estando en Colombia, que es el país que mayor cantidad de desapariciones forzadas tiene. Es un lugar, en el que, además, la mayor cantidad de cuerpos terminan en los ríos. Por eso, cuando conformamos el equipo de peritos de parte independientes, lo conformamos con gente de ahí con vasta experiencia en eso porque es una práctica muy común. Pero lo vi ahí y también vi el año pasado acá en El Bolsón, y es que las fuerzas de seguridad liberan las zonas para que los enfrentamientos ya no estén en manos de las fuerzas de seguridad, si no de particulares. El no investigar termina naturalizando una desaparición forzada, eso pasa en Colombia y veo que acá también se instala esa modalidad. Esto de que están los buenos vecinos y el resto son vándalos genera un encontronazo o un choque entre particulares. Una sensación de que los propios vecinos al estar desprotegidos sin la presencia del Estado tienen que hacer justicia por mano propia. Acá, por ejemplo, Macri diciendo hace poco que si vuelven al gobierno van a terminar con la RAM, es generar un enemigo interno que pone en una situación de enfrentamiento. Se trata de construir un enemigo interno que no existe, porque de existir ya lo habrían erradicado hace rato.

– ¿Por qué no se tiene en cuenta ni se habla de las circunstancias en las que desaparece Santiago?

-No se habla de la represión, de lo que pasó en el lugar. ¿Por qué? ¿Por qué Santiago estaba acompañando un reclamo mapuche? ¿Por qué se había cortado la ruta? Se deja de lado que ingresaron más de cien gendarmes. Primero dicen que Santiago no estaba en el lugar, después que no había los gendarmes, después que no habían llegado al río, después que no habían disparado (aunque se encontraron balas de goma y balas de plomo 9mm). Todo eso fue pasó en 78 días para terminar diciendo “estuvo todo el tiempo en ese lugar”. Como Estado hiciste tres rastrillajes en ese lugar y después decís que estaba ahí. Hace poco Patricia Bullrich dijo que, si Santiago se hubiera entregado, estaría vivo, siendo que ellos tenían la foto de la última vez que se lo vio a Santiago con vida, por lo menos fotográficamente ese 1 de agosto. Todo el tiempo es mentir, no resisten un archivo. Y nadie le repregunta.

En una entrevista, hace unas semanas, Patricia Bullrich habló del caso, dijo que no existe la testigo, que Santiago se ahogó por haber salido corriendo y que les dio plata a ustedes para que lo busquen ¿qué respuestas tenés para ella?

-Miente. Dice que no hay procesados ni imputados cuando sí los hay. Lo que sucede es que hoy no hay quien investigue, pero la causa está abierta y a la espera de un juez. Por otro lado, ataca con todo lo que es plata. “Nosotros lo ayudamos”, como si fuera que me ayudaron porque son un organismo de beneficencia, que es una fundación, a mí no me ayudó nadie del gobierno. Lo que hicieron en su momento fue brindar medios para la búsqueda. Hasta el propio Germán Garavano tuvo que salir a decir que ellos no me habían dado subsidios. Ojalá fuera verdad que hubiera una reparación económica, porque significaría que hubo un juicio, que al Estado se lo encontró culpable. Pero acá no estamos hablando de una reparación económica, estamos hablando de lo que gastaron en el operativo. Si su problema es que yo me tengo que hacer cargo de los pasajes que nos dieron para ir a las reuniones con el Estado, o de viajar a Uruguay cuando nos reunimos con la CIDH en la mesa de trabajo y también con el gobierno argentino, si me está reclamando el avión sanitario que trasladó a Santiago, yo no tengo problemas, se lo pago. Pero en realidad no es un número que yo haya manejado. Ella puede inventar cualquier cifra porque yo no tengo acceso a eso. Pero si ese es el problema, si con la plata se soluciona todo, bueno que pase la factura a ver cuánto se le debe y que lo traiga a Santiago con vida.

–¿Cómo transitaste estos cinco años?

–Son etapas. Los familiares tenemos distintos tiempos. Este año me pesa mucho. Tengo mucho dolor y una sensación de angustia por esta impunidad. No sólo es la ausencia de Santiago, sino también de padecer este tipo de ataques todo el tiempo Es una deshumanización constante la que hacen los funcionarios que estaban en el gobierno y otros que hoy son diputados. Bullrich no estuvo sola. Contó con todo un aparato político y también con una cantidad de periodistas obsecuentes que repiten lo que ella dice. En esa parte hay resignación, una frustración de ver que hay justicia, pero no funciona para los que no tenemos el poder que ellos tienen. Ese ese el desgaste y el dolor de estos cinco años. «

Las escuchas ilegales que no son espionaje

El 15 de julio el juez Daniel Rafecas desestimó la causa que se había iniciado contra la Gendarmería macrista. «La respuesta de Rafecas fue que no había suficientes pruebas para decir que fue espionaje. Que no se pudo probar. Cuando en realidad yo declaré hace tres años, y las únicas medidas que tomó fue pedir filmaciones en los lugares donde todos sabemos que, por lo general, pasan tres meses y se borran. Desestimó todos los aportes que hicimos. No llamó a declarar personas que nosotros habíamos mencionado y que eran de vital importancia», dice Sergio Maldonado, quien tuvo intervenido su teléfono.

«Aparte es contradictorio el fallo de Rafecas, porque hasta el propio Lleral cuando se hace cargo de la causa y ve que el teléfono estaba intervenido, suspende esas pinchaduras. Esas escuchas ilegales están en la Corte Suprema desde marzo de 2019 están para destruirse. Con todo ese antecedente, Rafecas dice que no hubo espionaje, te pinchan el teléfono, qué más prueba que esa para saber que sí hubo espionaje».

Bullrich y sus mentiras

El 29 de junio en el ciclo de entrevistas online Caja Negra que conduce Julio Leiva, la exministra de Seguridad Patricia Bullrich negó su responsabilidad sobre el caso Maldonado.

Negó que existiera un nuevo testigo, dijo que la causa está cerrada e insistió en que «quedó atrapado en el río». Un mes después y a pedido de Sergio Maldonado, se publicaron las respuestas de la querella a los dichos de la exministra.

«La testigo existe. Dio nombres y apellidos, y fechas y horas y lugares donde fue escuchando a sus compañeros gendarmes decir que había un operativo, que el operativo había salido bien, que se había detenido un hippie que estaba en el destacamento de Gendarmería de Benetton. Todos estos datos los declaró ante el fiscal de la causa y están incorporadas en el expediente», explica en el video la abogada Verónica Heredia, abogada de la causa.

FUENTE: Tiempo Argentino

Cuando me refugié en Eva

Cuando le diagnosticaron cáncer de cuello de útero Sara encontró amparo en “Santa Evita”, de Tomás Eloy Martínez, un libro que le llegó como una bocanada de aire. Fue un alivio entre tanta quimioterapia, dolores y hospital. Tenía 36 años, tres más que Eva cuando murió. Y recién ahí empezó a verla con ojos de mujer. Esta es la Evita de Sara, la que fue refugio, ternura y contención.

Por Sara Delgado

Cuando le diagnosticaron cáncer de cuello de útero Sara encontró amparo en “Santa Evita”, de Tomás Eloy Martínez, un libro que le llegó como una bocanada de aire. Fue un alivio entre tanta quimioterapia, dolores y hospital. Tenía 36 años, tres más que Eva cuando murió. Y recién ahí empezó a verla con ojos de mujer. Esta es la Evita de Sara, la que fue refugio, ternura y contención. 

– Me falta el aire, tengo mucho calor- le dije a la enfermera la primera noche después de mi cirugía, y ella apoyó su mano blanca y chiquita contra mi frente. Me dijo con dulzura que no me pasaba nada y me dio una pastilla que me puso a dormir de inmediato.

Entonces no lo entendí.

En esos días, mi mundo ardía como cuando la tarde se viene abajo en los veranos del sur. Ahora también mi cuerpo. Me había despedido, había hecho cartas, le había dicho a mi mamá que se ocupara de que mis hijos estén siempre juntos. Había llorado demasiado a escondidas.

Pero ya nada de eso importaba, el calor era soporífero y no me dejaba pensar. Me abrazaba de repente. Sin estrógeno, el hipotálamo tenía un comportamiento demencial. Ahora tenía un problema con el termostato.

-Evita nunca llegó hasta acá- pensé.

Después de esa internación, en la que escribí compulsivamente para evadirme, tropecé, todavía no recuerdo bien cómo -lo que es curioso porque sé la historia de cada libro que llegó a mis manos- con Santa Evita, de Tomas Eloy Martínez.

“Al despertar de un desmayo que duró más de tres días, Evita tuvo al fin la certeza de que iba a morir… Caminó en puntas de pie hacia las ventanas que daban al jardín y a las que nunca tenía ocasión de asomarse. Vio la hiedra desplumada del muro, la cresta de los jacarandas y las magnolias en la pendiente del jardín, el vasto balcón vacío, las cenizas del pasto…”

Yo no sé exactamente qué me dijo ese arranque del libro, pero sentí alivio con el aire que entró por su ventana, el cambio de corriente del río, el olor a lluvia. Porque está claro que lo que se describe es una ficción sobre el día en el que ella muere y el dolor estalla como el agua que cayó del cielo.

Sentí frescura en medio de los calores que me hacían llorar de bronca. Tenía apenas 36 y los había festejado en el hospital. Tres más que Eva cuando murió. Ella, que tan encendida fue para todo. De Eva, que alguna vez escribió: “Quiero incendiarlos con el fuego de mi corazón”, yo tomé el viento y lo hice anestesia.

Recuerdo que en mi primera salida después de la operación, en una cena de fin de año del trabajo hice algunos comentarios sobre cómo me sentía con ese libro. Sé que lo dije con vehemencia y pude sonar exagerada pero es que entonces todo lo que no fuese morirse tenía importancia, resplandecía, era genial. Futuro.

A Eva siempre la asocié con la tristeza y creo que eso es porque cuando la mostraban en la tele mi mamá juntaba las manos en puñito y las ponía contra su pecho con cara de emoción. Para mi Eva era también mi mamá, aunque otras veces era Susana Giménez porque se entusiasmaba con ver a quién llamaba la conductora.

En la puertita superior del placard de madera de tres cuerpos que tenía en su habitación, guardaba La Razón de mi Vida, y una imagen de bronce de dudosa procedencia, de la cara de Eva, que ahora cuelga en mi pared. Ella y Perón, como alegorías inexorables de toda casa de ypefianos. Los libros desenterrados en el patio, las reuniones de adultos con rostros borrosos en la cocina y la noción de estar sentada en rodillas que se sacudían al compás de la marcha.

Ta vez por eso cada vez que me tocaba cubrir un acto del Frente para la Victoria, me gustaba quedarme hasta el final y mirarle los labios a los dirigentes cuando sonaba Hugo del Carril, como si aquella arenga casera resultara en una suerte de entrenamiento para detectar farsantes.

No fue sino hasta que tuve cáncer de cuello de útero que miré a Eva con ojos de mujer y una ternura distinta. Probablemente intoxicada con sueros, mi tristeza y la rabia, pero sobre todo porque la única manera que encontraba para salir de mi enfermedad era entrando en mundos imaginarios, decidí que iba a buscar conexiones caprichosas en el libro. Como la de Evelina, la piba que era su groupie y a la que se la lleva el viento, que de no ser por la “a” final, es igual a mi segundo nombre. Sí, entre septiembre y diciembre de 2018, me escondí en un libro de ficción.

Cuando el cuerpo se me fue lavando de angustia me dijeron que tenía que hacer quimioterapia y radiación, pero que me iban a tener que derivar porque el Centro de Medicina Nuclear de Río Gallegos no se podía habilitar.

Yo no quería separarme de mis hijos, necesitaba su energía. Una tarde, desde la cama que casi no abandonaba, hermética como en una pupa, hice algunos llamados para saber cómo venía el tema.

Así escribí “por qué no abren el Centro de Medicina Nuclear”, que explicaba que por una decisión del gobierno de Mauricio Macri, la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica) había dado un paso al costado para la puesta en marcha. Algo insólito tratándose del único centro para una región que tiene más de 500 diagnósticos de cáncer por año. La palabra era en realidad revancha. Luego el senador Eduardo Costa saldría a desmentir la nota diciendo que no se abría por “corrupción”. De manual.

A través de la historia, siempre hubo una brecha ideológica sobre la cual más acá, el macrismo, la alianza neoliberal Cambiemos, construyó una narrativa que la puso como un mal a atacar y al kirchnerismo como el que la parió.

Desconfío de la gente, incluso colegas que hablan de “grieta” porque esconden que se trata de fuerzas en tensión permanente, de una mirada política sobre la historia. Entonces, ¿tuvo sentido que Cambiemos se negara a abrir el Centro de Medicina Nuclear de Santa Cruz? Claro que lo tuvo. Porque hay proyectos con los que hay derechos y justicia social, llenos de fracasos, está claro, y hay otros con los que solamente se jibariza al Estado.

Es el odio, la tinta del “Viva el cáncer” todavía impregnando el paredón de los bien comidos.

Eva, la Duarte, como me gusta llamarla escindiéndola del apellido del esposo simplemente para reivindicarla como la mujer que fue todo en un lugar que se supone no merecía, es una fuerza viva, ardiente. Es más allá de la enfermedad con la que me conmuevo, una figura irreverente, políticamente incorrecta, desfachatada, atrevida, desordenada en un mundo, aquel y este, diseñado para que cada cosa encaje en su lugar.

De santa, nada. Eva es un resurgir constante. De la pobreza, la expulsión familiar, el desprecio, las miradas encima del hombro a camuflarse en la mayor de las farsas para hablarle a un pueblo y con la voz de un cuerpo esquelético, dejarlo entumecido, agobiado de amor por ella.  Y aunque los monjes sigan cantando con el deseo de todos los males. Ni muerta se la olvida.

“Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle, por eso no me deslumbró jamás la grandeza del poder y pude ver sus miserias. Por eso nunca me olvidé de las miserias de mi pueblo y pude ver sus grandezas”. ¿Qué clase de persona deja ese último mensaje mientras agoniza si no está segura de que va a florecer en otro lado?

Eva fue la ternura.

Creo que sanar, volver de algo tan terrible como el cáncer también supone un resurgir, pero para mí no fue el día que hice la última quimio y me subí al taxi llorando, sino cuando llegué a mi casa después de tres meses y me tatué su imagen. No la de rodete tenso ni imbuida en trajes sastre, sino la de pelos ensortijados y cara al viento, ese que quiso colarse por la ventana que nunca más volvió a abrir.

Yo ya no sufro esos calores, pero aprendí que HAY QUE VIVIR HASTA QUEMARSE.

FUENTE: Cosecha Roja

Solo el 18% de personas diagnosticadas con hepatitis B y C realizan tratamiento

Un 18 por ciento de las personas diagnosticadas con hepatitis B y C, los tipos de la enfermedad que pueden dañar progresivamente el hígado, recibe tratamiento, por lo que especialistas advirtieron sobre la necesidad de prevención y acceso gratuito a esa asistencia, que está contemplada en la nueva ley integral, en el marco del Día Mundial de las Hepatitis Virales que se conmemora cada 28 de julio.

Las hepatitis B y C son las que evolucionan a la cronicidad (persisten por largo tiempo y dañan de manera progresiva al hígado) derivando en cirrosis, cáncer o insuficiencia hepática y se estima que solo entre 15 y 18% de las personas que tienen ese diagnóstico se tratan.

«Cientos de miles de argentinos vienen cargando durante años con una bomba de tiempo en su organismo sin saber que va generando daños irreversibles y que pone en riesgo su vida», explicó a Télam Rubén Cantelmi, quien tuvo hepatitis y hoy preside la Asociación Buena Vida.

La hepatitis viral es una infección que causa inflamación y daño al hígado y la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que hay alrededor de 500 millones de personas en el mundo con algún tipo de hepatitis, es decir, 1 de cada 12.

Telam SE

De acuerdo a datos del Ministerio de Salud, el 50% de quienes tienen hepatitis crónica desconoce su diagnóstico por ser una enfermedad que no presenta síntomas específicos, sino cuando se encuentra en un estadio avanzado.

Ley nacional

Argentina cuenta con la ley nacional número 27.675 de respuesta integral al Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), Hepatitis Virales, Tuberculosis e Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) que sancionada por el Senado el pasado 30 de junio.

La nueva norma contempla un abordaje integral desde la salud colectiva, busca brindar contención e información para derribar prejuicios y situaciones de discriminación, además de promover campañas para prevención y detección.

«La ley es un antes y un después en la historia de la respuesta integral a las hepatitis virales», explicó a Télam María Eugenia De Feo Moyano, presidenta de la Fundación HCV Sin Fronteras, que junto con la red federal de organizaciones de sociedad civil y referentes de todo el país redactaron el capítulo de la ley centrado en hepatitis.

De Feo Moyano remarcó que «es la primera vez» que hay una legislación para la hepatitis que «no solamente garantiza el acceso gratuito al diagnóstico y tratamiento sino que promueve que se amplíen las campañas de información, prevención y detección».

«Veíamos que las dificultades que tenían las personas con hepatitis crónica eran similares a las de las personas con VIH antes de que existiera la ley de los años 90 (Ley Nacional del Sida nro.23.798) en cuanto acceso al diagnóstico y tratamiento», puntualizó.

En este sentido, detalló que en la normativa recientemente aprobada se incluyó las hepatitis en los programas de VIH porque «comparten la logística de acceso a análisis de cargas virales» y porque «el 40% de las personas con VIH pueden estar infectadas con hepatitis C».

De Feo Moyano hizo hincapié en la importancia de la detección temprana ya que para la hepatitis C hay un tratamiento con antivirales que permite alcanzar en tres meses «lo que se llama la cura funcional (el virus está presente en el cuerpo pero no está activo por lo que frena el deterioro en el hígado), que en el 98% de los casos es 100% efectiva.

Según la Sociedad Argentina de Hepatología (SAHE) la hepatitis C, que se transmite a través de la sangre al compartir agujas o jeringas con personas infectadas, hacerse un tatuaje o piercing con material no descartable o al tener relaciones sexuales sin preservativo u otro método de barrera, es una de las causas más comunes de enfermedad hepática crónica en todo el mundo.

Las personas que recibieron transfusiones antes de 1994 también pudieron haber estado expuestas al virus, ya que se desconocía en ese momento.

«Con la ley le pedimos a los médicos que ofrezcan el test en la atención primaria, porque si no tenés síntomas no vas a consulta», indicó De Feo Moyano.

Es por eso que Cantelmi insistió en llevar a cabo estrategias en el sistema de salud para buscar a un paciente que fue diagnosticado durante algún contacto con una institución. «En el 60 por ciento de los pacientes entre el diagnóstico y el tratamiento pasan entre 10 y 15 años», advirtió.

La propuesta consiste en que los distintos servicios de hepatología, gastroenterología o infectología revisen entre sus archivos aquellas historias clínicas de pacientes que recibieron el diagnóstico pero no volvieron a la consulta para tratarse y curarse.

«A veces se detectan en los bancos de sangre y no están los datos suficientes para poder vincular a la persona al sistema de salud, es decir, no se le pudo informar o no volvió a la consulta», reconoció la presidenta de la Fundación HCV Sin Fronteras, quien manifestó que también hay falta de información sobre los tratamientos.

La especialista contó que antes los tratamientos «eran peor que la quimioterapia, con muchos efectos adversos y despertaban enfermedades que estaban dormidas, por lo que la persona no quería hacerlo», además de que algunas prepagas no los cubrían.

Pero desde 2015 «son efectivos, sin efectos adversos» y la nueva legislación contempla la atención a las enfermedades derivadas, por lo que permite el acceso a medicamentos y atenciones.

Con respecto a la hepatitis B, es prevenible con una vacuna que se aplica a los recién nacidos, y desde 2012 la Dirección Nacional de Control de Enfermedades Inmunoprevenibles (Dinacei) recomienda la inmunización universal a todas las personas desde los 11 años con un esquema de 3 dosis.

La SAHE destaca que el virus de la hepatitis B es cien veces más infeccioso que el VIH con alto riesgo de contagio después de una exposición.

«La persona vacunada no va adquirir el virus, el problema es la población no vacunada porque la hepatitis B se transmite sexualmente y las personas embarazadas transmiten el virus al bebe; no hay cura pero hay tratamiento es de por vida», precisó De Feo Moyano.

En tanto, la ley prevé el acceso a derechos sociales, como a una jubilación anticipada o pensión no contributiva en los casos de las personas que fueron diagnosticadas en un estadio avanzado de la enfermedad y no pueden seguir trabajando.

La eliminación de las hepatitis virales es un compromiso asumido por Argentina en la 69º Asamblea Mundial de la Salud de 2016, junto a 139 Estados miembros.

FUENTE: Télam

Érase Una Vez En Hollywood

Tarantino y la cultura del refrito como espejos del callejón sin salida de los Estados Unidos

Por Marcelo Figueras

Hace treinta años y monedas, promediando el ’92, me encontraba en el sur de Francia. Me había tocado cubrir el festival de Cannes para el diario Clarín. Era mi primer certamen internacional. Estaba más excitado que Milei en un banco de órganos. Hablo de una época en la que todavía no era común el uso de Internet, y todavía se promocionaba cada película mediante una gacetilla de varias página. Como todo lo relacionado con Cannes me entusiasmaba de forma fetichista, cuando encaré el operativo retorno arrastré conmigo las gacetillas que había acumulado. Al despachar el equipaje, la balanza marcó un sobrepeso que sólo hubiese afrontado vendiendo un pulmón. (¿Dónde estabas entonces, Milei, cuando tus artes de buhonero eran tan necesarias?) No me quedó otra que deshacerme de papeles a lo bobo. Tardé tanto en hacerlo, que casi pierdo el vuelo. Tuvieron que volver a conectar la manga para que yo subiese al avión. Nunca olvidaré la expresión de los pilotos. Me veían desde la cabina, mientras yo me acercaba con el tubo que se extendía otra vez en dirección a la máquina alada. Si las miradas matasen, yo no estaría aquí.

Durante una de las jornadas, mientras esperaba la exhibición de un film en competencia, decidí meterme a ver otra película. Sabía que no me daría el tiempo para saborearla completa, pero como no contaba con mejor plan, elegí curiosear hasta que se hiciese la hora señalada. Ese film ni siquiera formaba parte del certamen oficial, pero en su elenco había dos actores que me interesaban: Harvey Keitel, que era sinónimo del cine de Scorsese (Mean Streets, Taxi Driver) y Tim Roth, a quien recordaba de una película de Stephen Frears llamada The Hit y que había sido uno de los protagonistas de la película de Tom Stoppard Rosencrantz y Guildenstern están muertos. (Este Rosencrantz era el personaje secundario de Hamlet, no el personaje secundario de nuestra Corte Suprema.) Según la escueta info, la película pertenecía al género policial —lo cual para mí era un plus, no un demérito— y estaba dirigida por un debutante. El cineasta se llamaba Quentin Tarantino y la película era Reservoir Dogs.

«Reservoir Dogs» (1992).

Me fascinó tanto lo que Tarantino desplegó ante mis ojos, que me cagué en el film en competencia. Nunca fui a verlo, me quedé prendado de Reservoir Dogs hasta el final. Después me las arreglé para no perderme la única actividad oficial de la cual el tal Tarantino estaba convocado a participar: una mesa redonda al aire libre, donde estaría rodeado de pesos pesados. (Recuerdo ahora a Robert Altman.) La desproporción entre el prestigio de Altman —autor de maravillas como MASH, Nashville, Tres mujeres y la por entonces flamante The Player— y la novedad de este nerd que había aterrizado en Cannes con su peliculita bajo el brazo, era atroz. Pero durante la charla no se notó. Con su verborragia, cinefilia y sentido del humor, Tarantino se morfó la escena: la mesa se transformó en El show de Quentin. Fue como si el personaje que interpreta brevemente en Reservoir Dogs —el Señor Brown— hubiese salido de la pantalla para avasallar a aquellos próceres del cine, tal como al comienzo del film domina la conversación que tiene lugar en la mesa de delincuentes fogueados, a quienes les revela el sentido de la canción de Madonna Like A Virgin.

En mi crónica sobre Cannes le dediqué a este pibe y su película más espacio del que ameritaba, tratándose de un film exhibido como curiosidad paralela a la competición. Pero no me equivoqué: sigue siendo un modesto orgullo haber escrito el primer artículo donde un medio argentino llamó la atención sobre este director de nombre francés y apellido italiano.

¿Se acuerdan de Reservoir Dogs? Es una película pequeña en términos de producción pero osada en términos de realización. En ella, el elemento central del relato está escamoteado: el atraco que se dispone a dar una banda de profesionales a quienes un capanga convoca bajo nombres de colores, para que no se delaten si algo sale mal (Brown, Orange, Pink, White)— ese asalto nunca se ve. La película muestra el antes y el después, pero no la acción pivotal de la cual derivan todas las consecuencias. Un procedimiento parecido al que tiempo después usó Piglia en Plata quemada, donde también hay delincuentes, un asalto y una fuga pero nunca se nos pone en medio de la acción: todo lo que sabemos proviene de fuentes indirectas — testigos, crónicas periodísticas, historias clínicas.

Quentin Tarantino en una imagen de «Reservoir Dogs».

En Reservoir Dogs, esa decisión tenía una primera razón de ser que respondía a un condicionamiento. Filmar el asalto era demasiado caro para el presupuesto con el que contaba. Pero Tarantino le extrajo todo el jugo narrativo que le podía sacar, convirtiendo limitación en potencia. Al quitar de en medio la escena tradicional del género, el film generaba expectativas respecto de lo que ocurre durante el atraco (algo que los sobrevivientes discuten, sin que sepamos quién dice la verdad), explotaba la tensión de las consecuencias del golpe —que en términos generales, transcurre en tiempo real— y liberaba espacio para que la narrativa se dedicase a otras cosas, laterales al hecho delictivo. La relación entre la película y la tradición del género policial es paralela a la tensión que existe entre Mr. Orange (Tim Roth) y Mr. White (Harvey Keitel). Lo que discute Reservoir Dogs es cuándo una traición es una traición, y por ende un hecho condenable, y cuándo —por el contrario— representa exactamente lo que había que hacer.

Cosas familiares

En Reservoir Dogs ya están presentes las marcas que de allí en más asociamos al cine de Tarantino. La afición a los géneros populares o directamente pulp. (El policial, el spaghetti western, la peli de guerra o de artes marciales). La cita cinéfila u «homenaje». (Justo cuando preparaba este texto, alguien subió a Twitter la escena de 8 y 1/2 de Fellini en la cual Tarantino se inspiró para el concurso de danza que, en Pulp Fiction, ganan Mia Wallace y Vincent Vega.) La narrativa que irrespeta el tiempo lineal, no tanto por ánimo experimental como en pos de un efecto dramático. (Como la muerte de un protagonista en mitad de Pulp Fiction, que sin embargo reaparece cuando el relato pone marcha atrás.) La violencia granguiñolesca, over the top. (Reservoir Dogs llamó la atención desde el principio por la cantidad de público que abandonaba la sala en mitad del film, incapaz de tolerar la escena de tortura a un policía a manos de Mr. Blonde. Entre los que se eyectaban espantados hubo gente a la que se suponía curtida, como el cineasta de horror Wes Craven y el especialista en efectos especiales Rick Baker.) Y además los diálogos extensos, floridos y profanos, la omnipresencia de la cultura pop, las bandas de sonido que desdeñan la música original para servirse de oscuros hits de los ’70.

Cuando amainó el deslumbramiento que produjeron sus primeros films, hubo críticos que arriesgaron que su idiosincracia no era algo elogiable. Por ejemplo, subrayando la apropiación extensiva de elementos de otras películas. Yo entiendo que hay mucha cosa (y casa) tomada, pero ese tipo de rapiña es tan viejo como el arte; parte tradicional de sus reglas del juego. Casi todos los artistas se apropian de lo que les gusta y conviene del cofre de obras ajenas, sin el menor pudor. Shakespeare lo hizo repetidamente. Y en la música, ni les cuento. Debe haber pocas canciones que no sean variaciones más o menos felices de otras que deslumbraron a su autor. Lo importante es que el artista procese esa data de forma personal, le añada su impronta. Los grandes son los que metabolizan influencias y generan algo nuevo a partir de lo remanido, los prescindibles son aquellos que no trascienden el acto de la apropiación: lo que separa a David Bowie del presunto humorista Nik, por ejemplo.

Pero además, Tarantino es una expresión genuina de su tiempo. El ex empleado de Video Archives —una tienda de Manhattan Beach, California— pertenecía a la primera generación que por primera vez tuvo la historia del cine al alcance de la mano. Hasta entonces, la cinefilia de la que disponíamos era errática e incompleta, porque dependía de aquello que habíamos tenido suerte de pescar, en ciclos de las salas dedicadas al cine arte. (Dicho sea de paso: gracias, míticas Lugones y Hebraica, patria chica de tantas iluminaciones.) Pero a partir de la difusión del video —y ahora más aún, en este mundo digital tan bien (plata)formado—, lo tenemos todo a disposición. Y por eso se volvió lógico, o al menos esperable, que quienes se dedican al cine desde entonces sean jóvenes que han visto más, mucho más: lo alto y lo bajo, lo nacional y lo global. En este sentido, son la encarnación humana de la posmodernidad: la realidad los empuja a la deconstrucción y el pastiche.

Mi hijo de 8 años, por ejemplo, no ve tan sólo lo que está viendo en la pantalla, sino que además busca en cada encuadre aquello a lo que hoy se le dice referencias: la escena en curso es la escena y al mismo tiempo otras escenas a las que remite, como hipervínculos que conducen a otra fuente. Lo cual me fascina, porque sugiere que ya a su corta edad entiende que lo que ves nunca es lo que se ve y nada más, que por detrás de todo hay una trama que pide ser decodificada. Claro, también ocurre que a veces prefiere ver a YouTubers que resumen lo que cuentan películas o series en lugar de ver los originales. Créanme, hay gente joven que se dedica a eso, a ahorrarte el trabajo y el tiempo de ver the real thing y a regurgitarte la comida masticadita en el pico. No creo que se den cuenta de que practican una variante de la operación que Borges convirtió en arte, cuando en vez de crear las grandes obras que le daba paja o temía escribir, inventó versiones de segunda mano, entre la síntesis y el comentario interesado, de esas obras mayúsculas que nadie más leyó o nunca existieron.

El advenimiento de estas generaciones que crecieron viendo todo lo que querían generó, de forma inevitable, relatos que son apenas un dejá vu infinito. Tal vez el ejemplo más acabado de esta tendencia sea la serie de Netflix Stranger Things, de la que por cierto disfruto casi tanto como mis hijos. El relato de los hermanos Duffer trabaja sobre la noción de familiaridad: todos sus elementos fantástico-terroríficos los vimos ya en otras historias, todo su arsenal pop es nostálgico (la historia transcurre en los ’80, década durante la cual los Duffer fueron niños), la caracterización de los personajes y sus interacciones despiertan ecos de otras películas, series, novelas. Por cierto, los Duffer hacen muy bien lo que hacen, pero en términos generales la serie nunca se eleva por encima de las bondades del guiso hecho con sobras: sabroso y nutritivo como los platos originales, pero nunca deslumbrante. No hay en Stranger Things nada que desconcierte, que comprometa el equilibrio emocional del espectador. Es como seguir andando en bici con rueditas extra de auxilio, cuando hace rato que dejaste de ser niño. Su título suena irónico porque de stranger, de una rareza superior a otras, no tiene nada; debería llamarse More Familiar Things.

«Stranger Things».

Sigo pensando que el talento de Tarantino es superior. Siempre disfruté de su cine, a pesar de que nunca se desprendió de las rueditas extra del entramado pop-cinéfilo sin el cual parece no ser capaz de andar solo. (¿Cuánto quedaría en pie del relato, si lo despojásemos de su intrincada armazón de citas a otras obras?) Pero lo que hoy me interesa es reconsiderarlo bajo otra luz. Porque a pesar de que intenta validarse en el estricto marco de un universo ficcional —sus películas no quieren relacionarse con lo que entendemos como realidad, viven en un universo construido exclusivamente por otras películas y series—, de todos modos reflejan su tiempo y su cultura, aunque lo hagan a regañadientes.

Yo encuentro cada vez más puntos de contacto entre su cine y las características de la sociedad estadounidense actual. En su violencia desorbitada, cuyas consecuencias se minimizan y a la cual se celebra, a causa de su rendimiento estético. (Pocas cosas son más fotogénicas que la sangre, lamentablemente.) En la arbitrariedad con que reescribe el tiempo y la Historia. (Recuerden que en sus últimas películas decidió que Hitler no se suicidase como figura en las crónicas, sino que fuese eliminado por un comando aliado —Bastardos sin gloria—; y que imaginó que el Clan Manson no llegó nunca a asesinar a Sharon Tate —hablo de Érase una vez en Hollywood—, gracias a la intervención salvífica de un tipo que trabaja de extra en la industria cinematográfica.) Me refiero también a la endogamia de un universo pop que en sus relatos siempre está blindado, porque nunca se deja intervenir o cuestionar. Y a la persistente negativa de Tarantino a crecer, alentada por el público, que le dio la espalda cuando hizo su única película adulta protagonizada por gente, en vez de caricaturas o clichés. (Me refiero a Jackie Brown.)

Por todo esto, y más, las películas de Tarantino constituyen un espejo interesante en el cual analizar la decadencia y caída del Imperio que estamos contemplando hoy, boquiabiertos, mientras se desarrolla ante nuestros ojos en tiempo real.

I love Mickey

Como algunos de ustedes, yo había registrado un par de decisiones recientes de la Corte Suprema conservadora —hablo de aquella de Washington, no de su fan club local— que entiendo trágicas en materia de las consecuencias que alumbrará: la referida al aborto, que deja de estar protegido legalmente por el Estado nacional, y la que le impide al mismo Estado intervenir para limitar la polución que producen las empresas y condena al planeta al holocausto. Pero leyendo a María Esperanza Casullo en el newsletter Cenital, entendí que la cosa era peor aún.

El pueblo pide que la Corte la corte.

«En la última semana —decía Casullo—, la Corte Suprema estadounidense con mayoría right winger decidió empuñar una maza de demolición y derribar el (precario) orden político que había estabilizado (más o menos) a los Estados Unidos de América en los últimos 50 años. En poco más de dos semanas decidió que no existe una garantía constitucional al derecho al aborto (el precedente de Roe v. Wade tenía 49 años); que es legal que los maestros y maestras recen y hagan rezar en las escuelas públicas; que las tribus nativoamericanas no tienen soberanía sobre sus sistemas de justicia (algo establecido en tratados de hace un siglo); que el Estado federal no tiene capacidad de regular a las empresas de energía desde el punto de vista del medioambiente (la ley era de 1970, pasada por el Presidente republicano Richard Nixon); y que los estados no pueden legislar para restringir el acceso de la población a las armas, aun rifles automáticos de tipo militar (una ley de hace 40 años). Además de todo eso, señaló que iba a tomar para su revisión en los próximos meses un expediente que podría eventualmente sancionar que las legislaturas estaduales tienen la capacidad de revisar o suspender el resultado de las elecciones presidenciales si sospechan algún tipo de fraude. O sea, que las legislaturas provinciales podrían dar vuelta el resultado de una elección popular sin otra justificación». Para decirlo de otro modo: la próxima vez, Trump no necesitará de una turba que gane las calles para discutir la votación. Le bastará con el puñado de jueces que responderán a sus deseos.

A esto hay que sumarle —sí, hay más— que en los considerandos de su fallo en contra del aborto legal, el juez Thomas sugirió a la Corte que revea otros fallos que hablan de derechos concedidos a minorías. Entre ellos podrían contarse el matrimonio igualitario y las relaciones entre personas del mismo género. Pero también cuestionó fallos que atañen a mayorías, como el acceso a los métodos anticonceptivos. El juez supremo Clarence Thomas es negro, pero traiciona a la minoría de la que proviene para ser fiel a su clase adoptiva, el Poder Judicial, que a su vez responde al sector político más conservador, aun al precio de actuar de modo inconsistente. (No es lógico establecer la primacía de la Corte por encima de las autoridades federales, en defensa del derecho de los ciudadanos a portar armas, y al mismo tiempo decir que no puede pasar por encima de la autoridad federal de los estados que quieren penalizar el aborto.) En este sentido, Thomas y el Poder Judicial de los Estados Unidos se parecen mucho a ciertos empresarios argentinos: prefieren pasar papelones —y ganar mucho menos, y hasta quebrar o verse obligados a vender sus firmas— pero seguir defendiendo a su clase social, antes que negociar con sectores políticos a los que consideran enemigos.

Clarence Thomas, el juez del patíbulo.

Yo sé que las cuestiones legales parecen pasar lejos de las preocupaciones del común del pueblo, here, there and everywhere. El problema es que esos asuntos abstrusos, decididos en Olimpos que medran muy por encima de nuestros círculos, tienden a derramar sobre las calles y muy rápido, al revés de lo que ocurre con la guita, cada vez más descomprometida con la ley de la gravedad — porque la descuidás un segundo y pira hacia arriba.

El nerd Bobby Crimo.

El lunes 4 de julio, Día de la Independencia de los Estados Unidos —y por ende, día de múltiples desfiles y celebraciones callejeras—, un pendejo de 21 años, Robert Bobby Crimo, se subió a una azotea de Chicago y disparó no menos de 80 balas sobre la multitud indefensa. Durante los primeros segundos los disparos pasaron desapercibidos, porque los disimulaba el estruendo de los fuegos artificiales. Para eso usó un rifle semi-automático, Smith & Wesson M&P15, que compró legalmente a pesar de que había tenido cruces con la policía a cuenta de sus amenazas a terceros. (En otras ocasiones le habían secuestrado machetes, dieciséis dagas y una katana.) Sin embargo, el pibe pasó todos los controles legales y le vendieron la Smith & Wesson y un segundo rifle, con el que consideraba volver a atacar en otra parte. (Porque el pelotudo perdió el primero, cuando fugaba de la escena del crimen vestido de mujer.) Por fortuna, lo detuvieron antes.

Esta historia es horrible y a la vez puro deja vu. En lo que va del año, en los Estados Unidos ya hubo 337 masacres en público, a cuenta de lo cual murieron 387 personas y resultaron heridas más de 1.000.

Desde enero hasta aquí no han hecho más que multiplicarse: fueron 41 con el despuntar del año, 52 en marzo, 68 en junio — siempre hacia arriba, la curva. Lo cual promedia a grosso modo dos balaceras por día, que de seguir la cosa así, ascendiendo inflacionariamente, serán más a fin de año. Lejos de producir espanto nacional, esos incidentes generan acostumbramiento. Escribo estas líneas el jueves 7, cuando la masacre ya desapareció de la tapa del New York Times, salvo por un artículo de opinión. (El viernes 8 ya no estaba ni eso.) El desinterés no puede deberse a que lo ocurrido carece de aristas dignas de ser explotadas por los medios. Mirás la foto de Crimo y parece el personaje de una película de Tarantino o un cretino creado por Garth Ennis y dibujado por Steve Dillon, como el Arseface —Cara de Culo, literalmente— del comic llamado Preacher. Bobby Crimo apesta a nerd incapaz de matar una mosca, y sin embargo…

Robert «Bobby» Crimo…
…y el Arseface de Ennis/Dillon.

La historia que más me impresiona, de todos modos, es la de Aiden McCarthy. En medio de la balacera y la locura, una mujer percibió que algo se movía debajo de uno de los cadáveres desparramados en la calle. Era el pequeño Aiden, de dos años, a quien su padre Kevin había protegido con su propio cuerpo. A un costado yacía Irina, esposa de Kevin y madre de Aiden, también muerta. El pibito estaba bañado en sangre. La mujer lo agarró, lo levantó y casi de inmediato se lo encajó a otra persona: Greg Ring, que se había sumado a la festividad con su compañera y tres hijos. Este hombre quiso entregárselo a un policía —el nene señalaba en la dirección que habían dejado atrás, repitiendo: Mommy, Daddy, Mommy, Daddy—, pero los uniformados seguían pendientes del francotirador y le pidieron que cuidara del crío, hasta que la cosa se calmase. Entonces Ring se dirigió con la familia a casa de sus suegros, donde sentaron a su hijo de 4 junto a Aiden, a ver un show de Mickey Mouse. Lejos de tranquilizarse, el nene les pidió que le limpiasen la sangre de encima, «porque no era suya». Con el tiempo entenderá, presumo, que sí lo era.

Irina y Kevin McCarthy, los padres de Aiden.

Yo sé que tengo fama de hipersensible, pero ¿a ustedes no les parece que esta historia es de una demencia que supera todos los límites? Porque lo de Aiden es una tragedia en sí mismo —que sus connacionales ya trataron de tapar a su estilo, donando guita:

el pibe perdió a sus padres pero, ey: ¡ya dispone de dos palos verdes!

—, cuando la tragedia más grande es la social, aquello que hizo posible lo que ocurrió y seguirá haciendo posible, Corte mediante, que ocurran cosas cada vez peores.

Tal como está el asunto, es más probable que Aiden inspire una fantasía de venganza llamada Kill Bobby a que la nación se tome el tiempo de recogimiento que requiere pensar lo que hace falta, lo que desesperadamente necesitan, hasta descular qué mierda los lleva hoy a devorarse vivos a ritmo más y más desaforado.

Fin de la línea

La tentación sería pensar que esas cosas terribles ocurren en el norte y nada más. Pero ese norte es la cabeza del imperio, y cuando allá estornudan acá nos resfriamos. En Washington determinan qué debemos hacer y cómo y trabajan para ello, en on y en off: en on presionando política y económicamente, y en off dirigiendo y financiando operaciones sucias de las que participan cómplices locales pero también espías, como en las películas que tanto le gustan a Tarantino… y a nosotros también. El Indio sostiene que la caída en dominó de los gobiernos populistas del primer tramo del siglo en América Latina no puede ser vista sólo como consecuencia de los errores propios. Ahí hubo por detrás manos negras, negrísimas, que accionaron dejando por doquier las marcas de sus dedos. (Toda la trama que subyace al caso Nisman sigue apestando aún hoy, como una tumba saqueada.)

Hablo de cosas que todos sabemos, pero es posible que no hayamos digerido bien o metabolizado del todo. La semana pasada, editando a Miguel Fernández Pastor para El Cohete A La Luna, me quedé colgado de un párrafo que explicaba algo de lo cual yo era consciente, pero que su razonamiento mostraba bajo una luz nueva.

«Quizás lo más loco —decía Miguel— fue lo que nos ocurrió en 2014. Vivíamos en un país soñado con el salario más alto de América Latina, la mayor cobertura social de la historia, con una bajísima deuda externa, la Argentina era una fiesta, pero como Cristina hablaba mucho en cadena y le inventaron la fábula de la ‘chorra’, los argentinos tiramos todo por la borda y le abrimos el paso a Macri y su banda, que sí eran ‘chorros’ desde siempre. Por más que mentía a mansalva, todos sabíamos a qué venía, y casi no nos sorprendió que después de cuatro años dejara tierra arrasada y corrompiera todo lo que se le interpuso en el medio. Sin embargo, por acción, por omisión o por lo que fuera, no tuvimos fuerza suficiente para defender un gobierno nacional y popular en toda la extensión de esas palabras».

Mr. Blonde (Michael Madsen) torturando a un policía.

Hasta ahí Fernández Pastor, subrayando la «locura» de que hayamos dejado contaminar el discurso público al punto de convencer a muchos de que la situación era intolerable, de que así no se podía seguir. Cuando, comparada con los años que sobrevinieron, aquella Argentina suena hoy a La vie en rose: había temas económicos estructurales que resolver, pero por lo demás existía estabilidad, las empresas prosperaban, podías hacer planes y la gente que tenía trabajo en blanco no había caído, como hoy, por debajo del nivel de pobreza. Flor de lavada de mate hay que hacer para que laburantas y laburantes voten a un hijo de papá que no trabajó honestamente un solo día de su vida. Pavada de operación hay que hacer para persuadir a laburantas y laburantes de que un mafioso de oscura trayectoria, que vivió siempre de la teta del Estado y nunca pagó impuestos en regla, hablaba en serio cuando decía que no les sacaría nada de lo que tenían.

El know-how de estas campañas maquiavélicas, los fondos y los fierros para desarrollarlas y algunos de los agentes que aportan expertise no son, lo sabemos, 100% nacionales. Yo toco de oído en estos temas, pero hay que ser lelo para no ver las marcas que dejan los dedos negros de ciertos intereses, cuya dirección postal queda dentro de la región que triangulan Washington, Londres y Tel Aviv. Esa gente anda a los tumbos últimamente (bye, Boris, tu flequillo fue un adelantado: primero volaba él y ahora volaste vos), pero aún así sigue empujando la Historia grande en dirección regresiva, de forma que, aunque suene contradictorio, es criminal y suicida en simultáneo.

Me pregunto si quedaron entrampados por sus propias decisiones. Porque hubo un momento en el cual las corporaciones de Occidente eligieron colocarse por encima del Estado con sede en Washington, al cual debilitaron todo lo que consideraron necesario —lo convirtieron en un Estado bobo— para que no interfiriese con sus movimientos y se limitase a hacer el trabajo sucio por ellos. (Por ejemplo, a través de la expansión de la zona de influencia de la OTAN.) Pero ahora que lo necesitan desesperadamente, para que haga frente a la fuerza combinada de dos Estados centralizados y eficaces como Rusia y China, Washington no está en condiciones de actuar en forma coordinada y racional. Y encima consintieron que llegase a la Casa Blanca una criatura herbívora. Es como subir al ring a Putin y Xi Jinping y enfrentarlo a Jed Clampett, el patriarca de Los Beverly ricos. (No se hagan los jóvenes. Y si lo son, googléen. Hablando de rueditas extra de auxilio, Biden ha demostrado que las necesita — literalmente. El viernes dio un mensaje que pretendía contrarrestar el golpe de la Corte contra la causa de las mujeres, pero como seguía el texto en el Teleprompter leyó hasta las indicaciones que incluía: «Fin de la cita. Repita la frase». [End of quote. Repeat the line].)

Este es un momento delicadísimo de la historia humana, porque todos dependemos del modo en que los Estados Unidos y las corporaciones que determinan sus políticas se banquen un límite, o asimilen —o no asimilen— una pérdida sustancial de poder. Es preocupante porque exhiben a diario signos de estar confundidos, sin comprensión profunda respecto de las características de la batalla que tienen por delante.

Si no transitan el presente con comodidad, es porque la realidad decidió estrenar una película que nunca habían visto.

Todos tus muertos

Es en este sentido que vale ponderar al cine de Tarantino y a productos exitosos como Stranger Things no en términos artísticos, sino como síntomas. Lo que llamábamos Hollywood y hoy son las grandes plataformas de creación y difusión de contenidos —entre las cuales incluyo a las redes, ojo— siguen siendo insuperables en lo suyo. Los relatos que venden son siempre vistosos, entretenidos, relumbrantes. Pero hasta el momento la vertiginosa modernización tecnológica de la industria no ha sido acompañada por una evolución paralela en materia de contenidos. En consecuencia, casi todo lo que hacen son refritos de historias y géneros transitadísimos. La ficción endogámica —que sólo manipula ingredientes conocidos, de forma convencional— genera contenidos bobos. Siempre hay alguien que lo hace con gracia superior al resto, como Tarantino, pero en líneas generales se trata del menú de siempre, generado por cocinas subterráneas donde los cocineros indocumentados respiran aire viciado.

Y lo que se vive en las sociedades hegemónicas comienza a replicar ese esquema; al igual que los protagonistas de Reservoir Dogs, profesionales del crimen que se encuentran condicionados por los contenidos del cine que han visto desde que nacieron. Alguien que demora lo que Mr. White (Keitel) para que le salga bien el truquito que usa a la hora de encender su Zippo, no le está dando fuego a Mr. Pink (Steve Buscemi): está actuando sin saberlo. Algo que al rato pesca Mr. Blonde (Michael Madsen), cuando le dice a White: «Apuesto a que sos muy fan de Lee Marvin, ¿o no?»

En este mundo donde la tecnología hace que los relatos y los signos sean omnipresentes, todos actuamos sin darnos cuenta y hasta medimos nuestra vida contra parámetros de la ficción: cómo vestirnos, movernos, fumar, seducir, pelear. Un problema grande del imperio es que en un momento empezó a tomarse en serio su propia prensa, a creerse los contenidos que le habían servido para difundir e imponer su way of life. La disonancia que ocurre cuando convenciste al mundo de que tu sociedad es la mejor del mundo y la realidad insiste en que no es tan así, se torna peligrosa. En especial cuando disponés de las armas más jodidas que existen, con sólo chasquear los dedos. Porque aun cuando esa sociedad no te permita ser un héroe, su imaginario te habilita el premio consuelo de convertirte en Lee Harvey Oswald o Charles Manson, de jugar a ser Zeus desde la altura de una terraza y matar a destajo, a conveniente distancia.

El tema es que de repente empezó a circular esta película nueva, en la que Rusia guerrea mejor que ellos y en la que China resiste a sus presiones sin despeinarse ni levantar el tono. Y el motor de búsqueda de sus computadoras sigue sin encontrar película alguna que sugiera cómo enfrentar esta situación — no de forma pacífica o racional, insisto. Porque la salida a lo Doctor Insólito sí que la tienen clara. Sus fuerzas armadas están llenas de Bobby Crimos, de descendientes de Jed Clampett o del mayor T. J. Kong de la película de Kubrick, que en la eventualidad de un error humano estarían dispuestos a cabalgar a lomos de una bomba atómica como si fuese un caballo bronco.

«King» Kong en «Doctor Insólito» cabalgando la bomba hasta el Apocalipsis.

Biden no le ha sido útil ni al ala progresista de su partido ni a los halcones que existen en ambas organizaciones mayoritarias, Demócratas y Republicanos. Cuando el pueblo se canse de verlo sobreactuar espíritu belicista en favor de los intereses que lo pusieron allí —cuando ya nadie escuche su invitación a votar en las elecciones de medio término, con el espanto ante lo que viene como único aliciente—, lo que ocurra puede ser aún peor. Porque si concluyen que la cáscara democrática ya no les sirve, no sería extraño que las corporaciones diesen luz verde al primero que prometa transformar el Estado ineficiente en una tiranía a su servicio. Y todos sabemos que ya existen candidatos cuyo pitch ante los círculos rojos pasa por su voluntad de hacer lo que nadie intentó hacer antes que ellos — fast and furious, en términos del más predecible de los cines.

El presente es una cuerda floja que nos tiene pendientes de nuestros pies. Pero no hay que olvidarse de levantar la mirada, porque lo que ocurre más allá de nuestras fronteras puede llevarnos puestos con circo y todo. ¡Acaban de asesinar a un ex primer ministro en Japón y el mundo no pestañeó, siquiera! Por eso debemos ser mansos como palomas, pero astutos como serpientes. Así lo planteaba Jesús según el evangelista Mateo, cuando explicaba que nuestra situación equivalía a la de ovejas que se mueven entre lobos. No sea cosa de que nuestra afición a Netflix y a cierto tipo de relatos taquilleros nos lleve de las narices, e induzca al error de apegarnos de más a quienes no tienen que ofrecer otra cosa que destrucción. Desvincularnos paulatinamente de quien nunca quiso nuestro bienestar no sería traición: sería sensatez, nomás. La única lealtad a observar, como ciudadanos y por supuesto desde el Estado, es aquella debida al pueblo argentino.

Stanley Kubrick pertenecía a la generación anterior a la de Tarantino, que todavía no lo tenía todo servido y por eso creaba obras que no sabían a cosa recalentada. En Doctor Insólito (1964), película que deberíamos ver más seguido, sugirió tomarse más en serio la cuestión de las manos donde depositamos el poder. De otro modo, cruzaremos los umbrales del Infierno silbando un himno que no será el nuestro.

Tarantino debutó con Reservoir Dogs, que mucho le debe a una de las primeras películas de Kubrick, The Killing (1956). A partir de entonces desarrolló una obra muy interesante en sus propios términos, que entre otras cosas anticipó —involuntariamente, estoy seguro— el cul-de-sac donde se han metido la política y la cultura de los Estados Unidos. (No dije ninguna guarangada, che. Cul-de-sac quiere decir callejón sin salida.)

En sus últimas películas, lidia con la realidad del mismo modo en que lo están haciendo quienes conducen su nación desde las sombras: negando lo que pasó y por ende lo que pasa, reescribiendo la verdad y metiéndola a golpes en el molde de sus fantasías. Más sincero fue su primer film, en el cual, como en el poema de Cohen que se llama Los asesinos (The Killers), terminan todos muertos.

FUENTE: El Cohete a la Luna

El by pass, la birome, las huellas digitales… y el pañuelo verde

Con el derogamiento de “Roe VS Wade”, los derechos no reproductivos de las personas gestantes peligran en Estados Unidos. Desde el sur, exportamos nuestra lucha y nuestros pañuelos verdes. Para que sea ley.

Foto: Franco Trovuato Fuoco

Un pañuelo verde recorre el mundo. Argentina es un país de grandes inventos de exportación: el by pass coronario, la birome, las huellas digitales, la jeringa descartable. Todos hechos por varones. Pero en la última décadas sumamos un for export trascendental: el movimiento feminista argentino traspasó fronteras. Animó primero a las feministas latinoamericanas de países como Chile, Colombia y Ecuador, y ahora llegó al norte.

¿Cómo llegó el color verde desde un país sudaca al corazón de Estados Unidos? El mes pasado se filtró un documento de la Corte Suprema de ese país en el que los miembros conservadores del tribunal estaban considerando anular la sentencia “Roe VS. Wade”, que estableció el derecho al aborto en 1973. 

La intención de anular un derecho histórico, que establecía que el Estado no podía incidir en la decisión de las mujeres, prendió la alarma y miles salieron a las calles a defenderlo. El llamado a las marchas tenía una consigna:  “Wear Green” (vestir de verde). Las argentinas inflamos el pecho y por supuesto apoyamos desde el sur cada convocatoria. Retuiteamos a Mark Ruffalo con el pañuelo verde porque esos son los aliados que amamos. 

Pero las voces de miles no pudieron contra la decisión de seis integrantes republicanos de la Corte que, la semana pasada, dieron su voto positivo a la derogación del aborto contra otros tres demócratas que votaron en contra. Estados Unidos ya no tiene derecho a decidir de manera federal y cada uno de los estados puede bloquear libremente los derechos no reproductivos de las personas gestantes. Spoilert Alert: hay 26 estados con leyes que buscan prohibirlo. Y 13 de ellos tienen “prohibiciones desencadenantes”, lo que significa que el aborto se prohibiría casi de inmediato.

Otra vez a las calles. Fue emocionante ver cómo en las calles de New York, un estado que no está pensando en prohibirlo, miles salieron a manifestarse por las millones que perderán sus derechos.   

En Argentina este lunes los pañuelos verdes volvieron a la calle, en una manifestación masiva convocada por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito en la embajada de Estados Unidos. 

Aunque muches no se enteraron, el movimiento feminista argentino -que se masificó en los últimos años pero tiene una larga historia de luchas- ya había exportado el Ni Una Menos y el No Nos Callamos Más que después fue el #MeeToo yanki.

Pero el pañuelo verde como símbolo internacional ya no puede ser ignorado. El propio movimiento feminista de Estados Unidos pone como ejemplo nuestras luchas: “Esto fue lo que se necesitó para legalizar el aborto en Argentina: un movimiento de masas. Esto es lo que necesitamos en los Estados Unidos para contraatacar”. 

https://www.instagram.com/p/CfQQy84LfkW/?utm_source=ig_web_copy_link

Y hasta Wikipedia tiene un artículo EN INGLÉS sobre el “Green Scarf”a symbol of the fight for the right to abortion, created in Argentina in 2003 and popularized since 2018 throughout Latin America and then in the United States in 2022. Amazing. 

No necesitamos que ningún artículo in english nos cuente nuestra historia pero sí queremos refrescarla: el 28 de mayo de 2005 un grupo de mujeres que se había reunido en Córdoba lanzó la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. La gesta colectiva había empezado mucho antes. La historia de la lucha por la legalización del aborto en la Argentina tiene sus orígenes en la década del 80 y fue un tema constante en los Encuentros Nacionales de Mujeres (ahora Plurinacionales y con las disidencias), que se hacen año a año en distintas ciudades del país desde 1986.

Pero fue el Encuentro de 2003 en Rosario el que marcó uno de los puntos más importantes en la genealogía de esta lucha. Esa edición quedará en la historia del movimiento feminista argentino como la primera vez en el que se usó el pañuelo verde para marchar. Los triángulos de tela habían llegado en cajas en manos de las cordobesas de Católicas por el Derecho a Decidir, quienes propusieron usarlo para la movilización de cierre que atravesó avenida Pellegrini y terminó en el Monumento. Decían “por el derecho a decidir” y lo usaron más de 15 mil personas. Ese Encuentro fue clave también por otra cosa: fue la primera vez que se hizo el taller de estrategias hacia la legalización, que dio origen a la Campaña, y que se hizo una asamblea de 400 personas a favor del aborto. Los pañuelos no eran todavía un símbolo de pelea por el aborto legal pero el germen de esa lucha se había plantado en esos días. 

El que sea un pañuelo no es casualidad: retoma la histórica lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, un símbolo de lucha reconocido en el mundo. 

En 2016 la segunda marcha de Ni Una Menos sumó la consigna de Ni Una Menos por aborto clandestino y los pañuelos violetas que simbolizan la lucha contra la violencia hacia las mujeres empezaron a mezclarse con los verdes.

En los comienzos, se repartían 8 mil pañuelos en todo el país. La marea verde se terminó de consolidar en 2018 con el tratamiento de la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el Congreso Nacional y su defensa en las calles. Eran épocas de martes verdes ¿se acuerdan? Pero también eran tiempos del verde en todos lados, en la calle, en los monumentos, en las paredes, en las mochilas, en el bondi, en subte, en las muñecas y en los cuellos. Ese año se repartieron 200 mil pañuelos. Más todos los que circulaban de manera extraoficial en puestos callejeros. 

En diciembre de 2020, en pandemia y con un gobierno que prometió volver mujeres, volvimos a teñir de verde las calles. Y contra todo pronóstico desalentador, lo logramos: desde el 30 de diciembre tenemos aborto legal, seguro y gratuito en la Argentina.

Para la mayoría, los pañuelos verdes quedaron en algún rincón de la casa, como el recuerdo de la conquista de un derecho colectivo que ahora nos toca preservar y vigilar que no se vulnere. Lo sacamos para fechas como el 8M o el 3J. Cualquier otro día, solemos verlo en una mochila. Y siempre es un alivio verlo. Produce esa extraña sensación de estar hermanada con alguien que ni conocés. Pero sabés que va a estar para vos. 

FUENTE: Cosecha Roja

Fernández, sobre la Ley de Cannabis Medicinal: «Es otro triunfo de la sociedad sobre la hipocresía»

El presidente encabezó el acto de presentación de la nueva ley, junto a la fundadora de Mamá Cultiva, Valeria Salech.

El presidente Alberto Fernández afirmó este martes que la Ley de Cannabis Medicinal y Cáñamo Industrial «es un paso en el acceso al derecho a la salud» y a la vez «otro triunfo de la sociedad contra la hipocresía», al anunciar la promulgación de la norma sancionada por el Congreso a comienzos de mayo que permitirá generar una nueva actividad productiva en muchas provincias.

Fernández encabezó en la Casa de Gobierno el acto de presentación de la promulgación de la nueva ley, junto al ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y la fundadora de Mama Cultiva, Valeria Salech, la ONG que encabezó la demanda por la sanción legislativa del proyecto.

«El cannabis era para gran parte de la sociedad una palabra prohibida; pero las voces de unas madres llamaron la atención de muchos; podían resolver los problemas de la gente», aseguró el Presidente al anunciar la promulgación de la Ley de Cannabis Medicinal y Cáñamo Industrial.

El mandatario agregó que contar con esta nueva Ley «es otro triunfo de la sociedad contra la hipocresía», porque a pesar de los prejuicios permitirá «ayudar a resolver la salud de mucha gente que lo necesita y que probó que esos medicamentos le sirven y hacen mas llevaderas sus vidas».

«Hoy damos un paso muy importante hacia una industria que de trabajo, que produzca, que exporte y genere divisas pero también en el ejercicio concreto de acceso al derecho de la salud», resaltó Fernández.

El presidente también señaló que hacia 2024 el mercado internacional de cannabis alcanzará los US$ 42.700 millones, y los productores argentinos podrán competir con muchos» que hoy ya están lanzados en esta industria.

Por su parte, Kulfas dijo que la ley «da respuesta a una necesidad de muchos años, que tiene absolutamente probada las capacidades terapéuticas del cannabis», pero que además dará «el marco adecuado para producir en escala, con calidad trazabilidad y generar desarrollo regional con presencia de la Argentina con pymes cooperativas y emprendedores».

El ministro reiteró que «se está fundando una nueva industria en la Argentina» y que este nuevo sector productivo «podrá estar creando cerca de 10.000 puestos de trabajo de calidad, con presencia en investigación y desarrollo, y permitirá generar 500 millones de dólares al año en el mercado interno y 50 millones de dólares de exportaciones anuales».

Con la promulgación se pone en marcha la agencia que va a tener la capacidad de establecer licencias de producción y exportación para generar un entramado productivo federal.

La norma para el desarrollo del cannabis medicinal y el cáñamo industrial es el marco regulatorio para la inversión pública y privada en toda la cadena y permitió complementar la actual legislación, la Ley 27.350, que autoriza el uso terapéutico y paliativo de esa planta.

En el caso del cáñamo industrial, apunta a legalizar los eslabones productivos, los de comercialización y sus subproductos.

La ley contempla también la creación de una agencia reguladora, un nuevo actor público que oficiará como órgano rector y articulador de la cadena productiva del cannabis y tendrá a su cargo las múltiples instancias de regulación involucradas: la Agencia Regulatoria de la Industria del Cáñamo y del Cannabis Medicinal.

Esa entidad tendrá autarquía técnica, funcional y financiera, y orbitará en el ámbito del Ministerio de Desarrollo Productivo.

Al momento de analizar las solicitudes de licencias para producir cannabis medicinal o industrial, la nueva agencia establecerá los requisitos y antecedentes que se solicitarán al peticionante, con el fin de «maximizar los controles destinados a prevenir actividades ilegales, incluyendo el lavado de activos».

FUENTE: Tiempo Argentino

Masacre de San Miguel del Monte: uno de los acusados murió atacado por un perro

Claudio Martínez, el exsecretario de Seguridad de San Miguel del Monte que iba a ser sometido a juicio oral junto a 23 policías por la masacre, murió hoy luego de haber sido atacado por uno de sus Rottweiler en el domicilio en el que cumplía su arresto.

Martínez era comisario inspector retirado y pasaba su arresto domiciliario con pulsera electrónica. De acuerdo con los voceros, Martínez tenía en su casa varios perros de raza Rottweiler, uno de los cuales lo atacó y le lesionó gravemente un brazo, por lo que fue internado en el Hospital de Alta Complejidad de Cañuelas, donde murió hoy a raíz de las lesiones sufridas.

En tanto, la causa por la denominada «Masacre de Monte» se encuentra en estos momentos en el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 4 de La Plata, que ya inició las audiencias previas al debate para que las partes aporten prueba.

En marzo del año pasado, la jueza de Garantías de La Plata Silvia Pelossi dispuso que sean juzgados 24 sospechosos, entre ellos, el exsecretario Martínez, quien estaba acusado de encubrimiento del hecho y el incumplimiento de sus deberes como funcionario público.

En la causa se investiga la muerte de Camila López (13), Danilo Sansone (13), Carlos Aníbal Suárez (22) y Gonzalo Domínguez (14); y las graves heridas que sufrió Rocío Quagliariello (13), la única sobreviviente de la masacre ocurrida la madrugada del 20 de mayo de 2019.

Los principales imputados son los expolicías Rubén García, Leonardo Ecilape, Manuel Monreal y Mariano Ibáñez, quienes están procesados con prisión preventiva como couatores de «homicidio agravado por abuso de función como miembro de las fuerzas policiales calificado por el empleo de armas de fuego, y violación de los deberes de funcionario público».

De acuerdo con la acusación, estos efectivos se encontraban a bordo de los dos patrulleros que persiguieron a los jóvenes y desde donde se efectuaron los disparos que provocaron que el auto Fiat 147 conducido por Suárez se estrellara contra un acoplado estacionado en la colectora de la ruta 3, en San Miguel del Monte.

Según la imputación de la fiscalía, no existió «motivo fundado» para que estos efectivos adoptaran dicho temperamento, los acusados tuvieron el «representado e indiferente propósito» de producir la muerte de las víctimas y llevaron a cabo una «agresión ilegítima».

Mientras que en el caso de los restantes acusados que no afrontan los cargos por los homicidios serán sometidos a juicio sin la intervención de jurados populares.

Se trata de los entonces efectivos policiales Florencia Stankevicius y Mario Mistretta, quienes serán juzgados «por encubrimiento agravado, incumplimiento y violación de los deberes de funcionario público»; y Julieta Aguilera Rearte y Nelson Rodríguez por «violación de deberes de funcionario público».

Por «falsedad ideológica de instrumento público, encubrimiento agravado, abuso de autoridad y violación de los deberes de funcionario público» están acusados el subcomisario Franco Micucci (ex jefe de la Estación de Policía de Monte), José Durán, Nadia Genaro, Melina Bianco, José Domínguez, Cristian Righero, Juan Manuel Gutiérrez, Marcelo Idarreta y Maia Valiente.

Para la fiscalìa, Righero, Bianco, Gutiérrez y Domínguez «tuvieron conocimiento inmediato del suceso homicida» y su «condición, conocimiento y ubicación funcional, les habría permitido develar el ilícito de los otros agentes», pero no lo hicieron.

Por otro lado, Evelin Van Monleghey, Camila Galarza, Marisol Rizzo y Sergio Servia van a juicio por «encubrimiento agravado, incumplimiento y violación de los deberes de funcionario público».

El teniente Héctor Ángel por «encubrimiento agravado, abuso de autoridad y violación de los deberes de funcionario público»; y Raúl Mauregui sólo por «violación de deberes de funcionario público».

En su fallo de 85 páginas, la jueza concluyó que se trató de «un lamentable suceso en el cual se investiga la comisión de graves delitos presuntamente cometidos por el personal policial en el ejercicio de sus funciones», y destacó «el compromiso que asumieron los testigos que permitieron con sus declaraciones, correr el velo de lo que, hasta dicho momento, parecía ser un aparente accidente de tránsito».

FUENTE: Página 12

La despedida de Cristina al general que bajó los cuadros de los represores

Falleció Roberto Bendini, extitular del Ejército durante el Gobierno de Néstor Kirchner. Cristina Fernández destacó su “enorme responsabilidad”. Fue protagonista de un hecho de gran impacto simbólico el 24 de marzo de 2004.

La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner lamentó este jueves el fallecimiento del general Roberto Bendini, extitular del Ejército durante el Gobierno de Néstor Kirchner y en el primer año de la Presidencia de la actual titular del Senado, y destacó su «enorme responsabilidad».

«Lamento mucho el fallecimiento del general Roberto Bendini, un hombre que con enorme responsabilidad ejerció el cargo de Jefe del Estado Mayor General del Ejército durante el Gobierno de Néstor y el primer año de mi Presidencia. Mis condolencias para su familia y amigos»,

CFK

Bendini tenía 76 años y se desempeñó como jefe del Estado Mayor General del Ejército del 2003 al 2008. Fue protagonista el 24 de marzo de 2004 de un hecho simbólico en la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia: por instrucción de Kirchner, procedió a bajar los cuadros de los represores que habían sido antiguos directores de esa institución ubicada en la localidad bonaerense de El Paloma

Ingresó en el año 1965 al Colegio Militar de la Nación y egresó como subteniente de Caballería a finales de 1968.

A días de haber asumido en 2003, Kirchner lo designó como jefe del Estado Mayor General del Ejército y, luego de participar en el considerado “acto de reparación histórica” en el Colegio Militar, tuvo varios enfrentamientos con sectores castrenses del Ejército y los familiares que defienden a los represores condenados por la Justicia por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura cívico militar.

Uno de esos momentos tensos fue cuando -como jefe del Ejército- decidió pasar a disponibilidad al mayor Pedro Mercado, cuya esposa, Cecilia Pando, había escrito una carta con durísimas críticas al Gobierno nacional por su pelea con el obispo castrense Antonio Baseotto.

En septiembre de 2008, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, Bendini presentó su renuncia al ser acusado de participar en una presunta causa de corrupción, de la cual fue sobreseído en el 2013.

Bendini, además de haber sido jefe del Ejército, tuvo una basta trayectoria militar con participación en el plano internacional, ya que prestó servicio como jefe de Operaciones en el Grupo de Observadores Militares de las Naciones Unidas en Irak y en 1993 fue jefe del Batallón Ejército Argentino III desplegado en Croacia integrando la operación “Unprofor”.

Durante el año 1993, fue representante militar argentino en la Reunión para la Organización de las Fuerzas Armadas de Paz en Bosnia-Herzegovina.

En septiembre de 1996, fue codirector en el ejercicio Morning Star llevado a cabo en el Colegio de Guerra de las Fuerzas de Defensa de Sudáfrica.

En 1997 cursó en el Colegio de Guerra del Ejército de Estados Unidos hasta mediados de 1998 cuando fue designado como agregado militar adjunto en la Agregaduría Militar en Norteamérica.

Desde julio de 1998 hasta julio de 1999, fue delegado del Ejército Argentino ante la Junta Interamericana de Defensa

FUENTE: Tiempo Argentino

Nosotras también lo sentimos, Will

Lo que debería ser la noche de la consagración de la carrera de un hombre negro resultó ser la noche en la cual él tuvo que reafirmar la dignidad de las personas negras. Y tenemos que hablar sobre eso.

No fue la primera vez que Chris Rock atacó a Jada Smith. En otra ceremonia, la atacó vilmente por su postura a favor de boicotear la premiación de los Oscars por la falta de representación negra entre los nominados. Tampoco es la primera vez que Chris Rock ataca a las mujeres negras en sus bromas. Hay investigaciones, además de las experiencias históricas, que señalan que nosotras, las mujeres negras, somos el grupo más atacado en las redes sociales y en la dinámica de las relaciones sociales. Y, en general, solo nos defendemos nosotras. Nadie sale en nuestra defensa. Ni los hombres negros.

El pelo para las mujeres negras es un territorio de reconocimiento y reafirmación de nuestra existencia. En estos días, Allyne Andrade defendió un punto importante: peinarse es, para nosotras, un ritual de encuentro, intercambio, fortalecimiento y sanación. Jada se enfrenta a una enfermedad, notoriamente conocida.

Además, no se trataba de defender el honor, porque, como bien recuerda Tulio Custódio, cuando hablamos de masculinidades y personas negras: (1) no estamos hablando de un punto de partida hegemónico; (2) las mujeres negras no son el estandarte a defender por honor, sino como propiedades históricamente. Nunca fuimos las doncellas. Y al exigir defensa, por lo tanto, estamos hablando de dignidad para la reivindicación de la humanidad.

Para eso, vuelvo a Bell Hooks y Audre Lorde, así como a Cornell West y Malcolm X: reivindicar la ira es reivindicar nuestras humanidades. La ira nos impulsa y nos reposiciona. El sistema racista y la blanquitud nos deshumanizan, nos posicionan como incivilizados. Pero cuando exigen nuestro civismo, exigen que anulemos las emociones, que soportemos la violencia sin reacción, robóticamente. Y, en ese sentido, logran rearticular la idea de nuestra inhumanidad. Los humanos sienten. Inhumano, no. Los inhumanos se lo llevan todo. Y esto se hace usando otra persona negra, para el toque refinado del racismo.

Will Smith defendió la dignidad y la humanidad, demostró camaradería, lo cual es raro para las mujeres negras.

Nosotras también lo sentimos, Will.

FUENTE: Cosecha Roja

*Este texto fue posteado por Juliana Borges en su cuenta de Instagram. Lo reproducimos con su autorización.

Traducción: Beatriz Sanz, periodista brasileña ex becaria de Cosecha Roja.

Tras viajar por el mundo durante 22 años, volvió la familia Zapp al Obelisco

Tras visitar más de 100 países en cinco continentes a bordo de un automóvil de 1928, la familia Zapp regresó en la mañana del domingo al Obelisco de Buenos Aires desde donde hace 22 años había partido con el sueño de recorrer el mundo.

La familia Zapp regresó esta mañana al Obelisco de Buenos Aires desde donde hace 22 años había partido con el sueño de recorrer el mundo. Foto: Leo Vaca

“Sentimos el corazón lleno, tenemos un sueño cumplido y la fortuna de compartirlo”, manifestó Hernán Zapp que había iniciado la travesía junto con Candelaria el 25 de enero de 2000 y ahora volvieron con cuatro hijos adolescentes, nacidos en distintos países.

Sentimos el corazn lleno tenemos un sueo cumplido y la fortuna de compartirlo manifest Hernn Zapp Foto Leo Vaca
“Sentimos el corazón lleno, tenemos un sueño cumplido y la fortuna de compartirlo”, manifestó Hernán Zapp. Foto: Leo Vaca 

La familia viajera fue recibida alrededor de las 11 por decenas de personas en el Obelisco, en un domingo soleado, con banderas argentinas y aplausos.

Los seis integrantes de la familia arribaron al centro porteño a bordo del Graham-Paige, de 1928, con que realizaron el viaje que se extendió por más de 300.000 kilómetros.

Los seis integrantes de la familia arribaron al centro porteo a bordo del GrahamPaige de 1928 Foto Leo Vaca
Los seis integrantes de la familia arribaron al centro porteño a bordo del Graham-Paige, de 1928. Foto: Leo Vaca 

Minutos después del arribo, Candelaria declaró ante los medios: “Nunca hubiéramos imaginado, cuando salimos de acá, volver 22 años después con hijos y con todo lo vivido”.

Y su marido agregó: “Cuando salimos éramos dos porque nadie nos creía, pero qué lindo es que podamos compartir todo esto. Nos cobijaron en todas partes del mundo como si fuéramos familia”.

“Tenemos un mundo maravilloso, hay que ir a conocerlo”, subrayó Hernán.

La travesía

Hernán y Candelaria iniciaron el viaje cuando llevaban seis años de casados, con la intención inicial de llegar hasta Alaska, pero luego continuaron por el resto del mundo y fueron cumpliendo en el trayecto el deseo de tener hijos.

En general, los Zapp se hospedaron en más de 2.000 hogares que los recibieron y Candelaria destacó que «es increíble la humanidad» y que «muchos nos ayudaron solo por ser parte de un sueño».

Tenemos un mundo maravilloso hay que ir a conocerlo subray Hernn Foto Leo Vaca
“Tenemos un mundo maravilloso, hay que ir a conocerlo”, subrayó Hernán. Foto: Leo Vaca 

Durante la travesía Hernán contrajo malaria; también atravesaron Asia cuando había gripe aviar, África con el ébola y Centroamérica con dengue.

Durante su travesía, los Zapp también fueron recibidos por personalidades argentinas como Lionel Messi o el Papa Francisco, a quienes les entregaron su libro “Atrapa tus sueños”.

«La idea era recorrer 20 países y terminamos recorriendo más de 100. Cumplimos dos sueños: el de conocer el mundo que Dios nos dio y poder formar una familia», dijo emocionado Herman.

«La idea era recorrer 20 países y terminamos recorriendo más de 100. Cumplimos dos sueños: el de conocer el mundo que Dios nos dio y poder formar una familia»

Candelaria dijo que, durante la travesía, fue una “maestra estricta de sus hijos” y que, con la conclusión del viaje, ingresarán a una institución educativa para continuar su formación.

«A los chicos les encanta viajar, la pasaban super y en esta nueva etapa también la van a pasar genial. En el Obelisco termina una etapa y comienza otra. Sigue la aventura de vivir en Argentina, una linda aventura», remarcó Candelaria.

FUENTE: Télam