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Kelpers en el Delta

Pesadilla a 30 kilómetros de Casa Rosada: cortes de energía, pésimo transporte y monopolios sin control

Corte del Río Tigre en protesta contra EDENOR. Un clásico isleño, hasta la pandemia.

Por Horacio A. Feinstein

Reclamos a Edenor, el año pasado. Foto Control Ciudadano Delta.
Hace ya muchos años se ha ido instalando en la opinión pública el discurso según el cual el turismo es la industria del futuro, una industria sin chimeneas, adecuada a la actual época de cambio climático.

El Delta del Paraná, a sólo 30 kilómetros de la Casa de Gobierno Nacional, es un área natural inmejorable para el turismo, que atrae público nacional y extranjero (ya que por ser el único delta en el mundo que desemboca en un estuario de agua dulce, presenta características especiales). Y se presta muy especialmente para un turismo intensivo en recursos humanos y culturales (existentes entre la población isleña) que no requiere de costosas inversiones fijas. Si se implementaran políticas públicas consistentes, rápidamente podría haber en el Delta un interesante flujo turístico todo el año, que al mismo tiempo aporte sinergia al turismo recreativo de educación ambiental, fundamental para hacer conocer el humedal en escuelas y colegios señalando su relevancia (para uso recreativo, por el contacto de las personas con la naturaleza, por ser regenerativo del aire y agua, para la biodiversidad, etc.) para los 15 millones de habitantes de la región metropolitana bonaerense.

Mientras tanto, la población isleña vive cotidianamente de drama en drama por el abandono del Estado. La especificidad del humedal para la vida isleña nunca fue comprendida por las autoridades públicas (tal vez el peor disparate haya sido el tendido de líneas eléctricas como si el delta fuese una extensión del continente) probablemente porque la escasa población (unas 20.000 almas) poco importa cuando hay elección de autoridades.

Es así que, después de la “plaga” que azotó al país entre 2015 y 2019, hacia finales de ese año la población isleña recibió a las nuevas autoridades con entusiasmo ya que imaginaba que ¡por fin! –frente a tantos problemas para la vida isleña– iba a empezar a ser escuchada. De hecho, sucedió de inmediato. Sin embargo, a los pocos meses la comunicación desde el sector público empezó a ralear, las promesas no se concretaron y el servicio eléctrico sigue siendo pésimo (cortes reiterados y prolongados) mientras la empresa Edenor responde con ineptitud y displicentemente a los cortes de energía por problemas con las líneas aéreas, continuamente castigadas por la caída de árboles.

Análogamente, cuando a comienzos de 2022 asumió con rango elevado el ministro de Transporte de la Provincia de Buenos Aires, formuló declaraciones altisonantes acerca de cambios de fondo en el servicio de transporte fluvial de pasajeros.

Sin embargo, cuatro meses después, la crisis del transporte se ha agudizado y los paros de lanchas son sorpresivos y por tiempo indefinido, por lo cual la población isleña está en el peor de los mundos dado que no hay transporte público alternativo.

Otro inmenso revés ha significado la pérdida de estado parlamentario de la Ley de Humedales. Luego de varios años de tratamiento por el Congreso de la Nación, a finales de 2021, cuando parecía que finalmente esa ley tan importante para el Delta iba a ser realidad, todo pasó a fojas cero, con el agravante de que la promesa de esa norma fue utilizada en la campaña electoral por el actual gobierno.

Es así que la desazón no sólo es creciente entre la población isleña sino que la vida cotidiana se le ha vuelto una pesadilla. Para tener una impresión de primera mano entrevistamos a Martín Nunziata, quien vive en el Delta hace 44 años, es miembro fundador de diversas organizaciones sociales isleñas y uno de los grandes luchadores por los derechos ciudadanos isleños.

“¿Qué hacer? Ahora, ante un paro indefinido de lanchas colectivas; poco antes fueron masivos cortes de energía, la educación (intentaron cerrar escuelas), la salud (hay una deuda estatal tremenda). Otras crisis ocurrieron por fenómenos críticos de contaminación (peces muertos, basura, cianobacterias) a las que se agrega el escollo creciente por la inexistencia de surtidores de combustible en islas y así sucesivamente a lo largo de los meses y años. Todo ello evidencia que estamos poco menos que desheredados de los Estados (Municipio, Provincia, Nación) y surge nuevamente la pregunta: ¿Qué hacer?”, reflexiona Nunziata.

“Tenemos que salirnos del mundo del WhatsApp, no nos queda otro remedio ya que del WhatsApp no van a surgir las soluciones a situaciones críticas”, se responde.

“En momentos en que se reivindica la soberanía de las Islas Malvinas –con lo que estamos totalmente de acuerdo–, en un territorio insular soberano como es el Delta, por el cual no hay que luchar con potencias extranjeras, la situación es tan crítica para los isleños que los grupos de WhatsApp específicos se ven todo el tiempo desbordados por el tema más urgente y ello pasa una y otra vez frente a la gravedad del problema y la desolación ante un Estado que no gestiona, no controla ni regula a los monopolios (Edenor, Interisleña). Ello a pesar de que diversas organizaciones isleñas se han trasladado a La Plata para realizar gestiones ante las distintas autoridades y en numerosas ocasiones hemos llevado propuestas elaboradas y concretas, algo poco común en la sociedad contemporánea. En este sentido, el CAPI (Consejo Asesor Permanente Isleño) y la Dirección de Plan de Manejo Delta de Tigre, no tienen la suficiente entidad para atender todo lo que está pasando”, advierte.

Nunziata plantea la necesidad de superar esta etapa de anomia del Estado y también de la propia población isleña, escasamente movilizada.

Frente al discurso reiterado sobre la falta de recursos para enfrentar los problemas, destaca que “en el caso del Delta hay muchos tributos potenciales que podrían implementarse debido a los diversos recursos que del Delta se extraen, y sólo falta decisión política de ponerlos a disposición del territorio donde se generan: la tasa de embarque pagada por los pasajeros de lanchas colectivas que vienen al Delta a recrearse, el canon arenero por la extracción del lecho del río, guarderías con miles de lanchas que navegan por el Delta (erosionando las costas) y que deberían pagar una tasa que solventara la protección de esas costas así como la rotura de muelles y amarras.

Las empresas de turismo deberían pagar una tasa por la actividad que aprovecha el paisaje y la naturaleza sin dejar un peso en el Delta; el agua que se extrae y luego se potabiliza (plantas de Aysa en Palermo y Escobar) para ser provista a la población del área metropolitana; el río Paraná usado como si fuera una hidrovía, por donde circulan buques que transportan millones de toneladas al año sin dejar un centavo a pesar de contaminar con hidrocarburos y erosionar las costas (ver Paren de secar al Río Paraná)”.

“La gesta de Malvinas y el reclamo por nuestra soberanía en esas islas es legítima y nos dignifica; en cambio, en las islas del Delta –donde no hay potencia extranjera acosando– la población está abandonada a su merced frente a condiciones monopólicas en los servicios básicos que atentan seriamente contra la vida isleña. Por ello –y ante la crónica falencia de la Dirección Provincial de Islas– se requiere la presencia personal del gobernador para que conozca directamente la realidad isleña y a la comunidad organizada con propuestas, y se comprometa inmediatamente a empezar a dar soluciones concretas”, reclama.

Las autoridades provinciales deberían prestar atención al Delta y a su población, ya que es la principal zona de esparcimiento y de regeneración ambiental en la región metropolitana bonaerense. Se trata además de una zona que, en la actual época de cambio climático, tenderá a valorizarse sólo si se mantiene como humedal, con su población isleña, para deleite de las 15 millones de habitantes de la región.

Mientras tanto, ante el agravamiento de las condiciones básicas de vida –difícilmente sostenibles para la población isleña– la conclusión frente a la desidia gubernamental (nacional, provincial y municipal) es que todo tiende a favorecer el despoblamiento de las islas (ver Agonía y resurrección del Delta) para que sean adquiridas a precio vil por los “desarrolladores inmobiliarios”, que procuran por todos los medios aprovechar tierras baratas para construir barrios cerrados o countries rodeados de naturaleza, vender luego los lotes y obtener fabulosas ganancias en detrimento del ambiente del humedal y del remanente de pobladores isleños, quienes sufren mayores y más frecuentes inundaciones debido a los alteos (polders) que hacen los especuladores para que esos terrenos queden por encima del nivel de las mareas altas.

El Delta cuenta con una población de personas inquietas capaces de aportar muy positivamente al desarrollo sostenible e inclusivo del humedal, de manera que prosiga brindando a la región metropolitana bonaerense servicios ecosistémicos fundamentales para la vida humana: provisión de agua y oxígeno, captura de carbono, amortiguación de inundaciones y esparcimiento en contacto con la naturaleza. Todo ello, en lugar de ser transformado en una extensión del continente por las presiones de la actividad especulativa inmobiliaria que lo quiere destinar exclusivamente a unos pocos.

FUENTE: El Cohete a la Luna

Día Internacional de los Humedales: último llamado para mejorar la vida en el planeta

Pocos días atrás, el 2 de febrero, se conmemoró el Día Internacional de los Humedales. Lejos de la formalidad de la efeméride, la fecha es una alarma sonando para despertarnos definitivamente.

Por Julio Zamora

El cambio climático nos ha puesto ante la oportunidad y la obligación de llamarnos a una reflexión profunda sobre el tratamiento que damos a nuestro planeta y, más específicamente, al territorio en el que vivimos. No es optimismo ingenuo, sino tan solo compromiso cívico y conciencia plena: aún estamos a tiempo como humanidad de hacerlo, y más aún, de hacerlo bien.

Día a día, hora a hora, el clima cambia ante nuestros ojos. Ya no hay dudas: desde los lugares de responsabilidad que nos toque ocupar, debemos hacer aquello que esté a nuestro alcance para morigerar sus dramáticas consecuencias. Los humedales son recursos fundamentales en los ecosistemas globales y locales, verdaderas reservas de vida. Sin embargo, a nivel mundial, se aprecia su constante disminución ante factores relacionados con el desarrollo económico y social.

Aquí, como resulta evidente, se presenta la paradoja a la que nos enfrentamos: por un lado, reafirmamos la necesidad de un compromiso absoluto con el cuidado y restauración de los humedales; y, por el otro, como cualquier economía en desarrollo, no podemos soslayar actividades como la ganadería y la agricultura, la minería y hasta la propia expansión de las superficies urbanas, que juegan un papel indispensable en el crecimiento social.

Mientras tanto, los humedales retroceden: el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) advierte que, desde 1970, la superficie de humedales en todo el mundo ha disminuido un 35%. Debemos actuar, y hacerlo rápido, para encontrar una síntesis entre el desarrollo indispensable de nuestras sociedades y la planificación y ordenamiento territorial de estos ecosistemas.

Necesitamos una ley de humedales. Y la necesitamos urgente. Tan solo en 2020, los incendios de bosques y pastizales afectaron más de 1 millón de hectáreas en todo el país, especialmente en las islas del Delta. Esto representa cerca de 350.000 hectáreas de ecosistemas creados por los humedales que han sido destruidos. Una pérdida irreparable.

Además debemos promover la creación de áreas naturales protegidas en aquellos humedales identificados, algo que es fundamental para su conservación, conjuntamente con actividades de restauración, diagnóstico y remediación.

Necesitamos adoptar criterios de sostenibilidad transversales, alineados con las políticas globales en la materia, que sean de aplicación nacional, provincial y municipal, para que las actividades socioeconómicas que se realicen sobre los humedales aseguren el mantenimiento de la integridad ecológica de sus ecosistemas.

Somos el distrito con mayor territorio de humedales de toda la provincia de Buenos Aires y, desde hace años, llevamos adelante políticas públicas tendientes a la preservación de los mismos, a través de la Ordenanza 3343/13 del “Plan de Manejo del Delta”, y de la Ordenanza 3709/19 de “Distrito de Gestión Especial Planicie del Río Luján”

Julio Zamora

Como intendente del Municipio de Tigre, tengo plena conciencia de la enorme responsabilidad que me toca en esta lucha. Somos el distrito con mayor territorio de humedales de toda la provincia de Buenos Aires y, desde hace años, llevamos adelante políticas públicas tendientes a la preservación de los mismos, a través de la Ordenanza 3343/13 del “Plan de Manejo del Delta”, y de la Ordenanza 3709/19 de “Distrito de Gestión Especial Planicie del Río Luján”, zona en la que se promueve la preservación de los humedales continentales y las construcciones sustentables.

Estamos orientados con decisión a lograr una gestión integrada y diversa para la defensa de los humedales y un activismo permanente en defensa de estos entornos. Por ello, en Tigre hemos llevado a cabo la Semana de los Humedales, con eventos diarios de concientización y sensibilización sobre la importancia de valorarlos, restaurarlos y protegerlos.

No hay tiempo que perder. No podemos desentendernos de esta urgencia. La alarma suena: es hora de despertar y mejorar la vida en el planeta.

FUENTE: La Nación

Federico Baglietto lleva a cabo un emocionante trabajo de rescate de los frutales nativos del Delta

Federico Baglietto hace un trabajo sistemático y técnico, que a la vez es cultural y emocional. Sí, muy emocional porque las variedades de frutas antiguas están vinculadas a la historia de este lugar de Buenos Aires (el Delta) y de las personas que lo habitan. Manzanas y ciruelos que están grabados en la mente de personas que hoy rondan los casi 90 años y que cuando hablan de ellos vuelven un poco a la niñez.

“Muchos de mis clientes son gente mayor que se emociona al ver esas variedades que tenían de chicos, que tienen que ver con la historia de la zona y su identidad, porque el Delta fue un polo productivo frutícola muy importante durante gran parte del siglo 20”, dice Federico. “Luego fue cambiando el mapa productivo del país y empezó a desarrollarse la fruticultura en Cuyo, Río Negro y la Mesopotamia y el Delta no recibió apoyo político para seguir creciendo, a lo que se sumaron cuestiones climáticas que lo perjudicaron como la inundación de 1959 que destruyó plantaciones enteras”.

En este escenario de problemas las nuevas generaciones de ese momento no estaban dispuestas a replantar nuevamente esos montes debido, entre otras cosas, al tiempo de espera que implica producir frutales. Y así fue como avanzó la producción forestal en las islas y álamos y sauces fueron reemplazando la fruticultura hasta que algunas variedades casi se extinguieron.

“En este vivero producimos a escala artesanal, aunque voy aumentando porque hay cada vez más demanda debido a que hay un claro interés por lo producido de forma agroecológica”, enfatiza. “Es todo trabajo propio, sin apoyo de ningún tipo, así que vamos despacio, acá hay que trabajar mucho el terreno, hacer lugares elevados, construir mesadas para las macetas, hacer trabajo de zanjeo y a pala, entonces es un poco más lento porque implica esfuerzo y constancia, aunque yo los disfruto mucho”.

“A veces hay un nivel de demanda que no llego a cumplir; hay gente que hace pedidos de un año a otro. La mayoría son de la zona aunque cada vez más viene gente de Buenos Aires y de otras provincias”.

Federico trabaja en agroecología desde hace 20 años. Empezó con horticultura, primero en huertas pequeñas y luego en producción orgánica hortícola, también en escuelas dando clase. Hasta viajó a Ecuador y Bolivia donde trabajó en escuelas campesinas a indígenas. Hace 12 años se dedica a la fruticultura y vive en el Delta desde 1998. Asegura que aquí la fruticultura es posible por las condiciones del lugar, porque –entre otras cosas- resisten bien las inundaciones.

“Hoy trabajo en la recuperación de variedades locales de frutales del delta del Paraná principalmente diferentes variedades de ciruelos manzanos, algo de perales y durazneros. Siempre trabajé de forma agroecológica y estoy convencido de esto porque tiene que ver con lo que pasa en el planeta, el deterioro ambiental, la crisis climática. Es fundamental desarrollar sistemas agroecológicos sustentables en todos los ámbitos productivos y recuperar variedades locales tanto de semillas como frutales es clave para poder establecer sistemas resilientes en el camino hacia la soberanía alimentaria”, sostiene.

Cuando uno le pregunta a Federico, en esencia por qué se ha dedicado a esto de rescatar variedades antiguas, su respuesta son varias respuestas. Lo primero que dice es que lo hace porque son una parte enorme del patrimonio social y cultural del delta y que esas variedades fueron desplazadas y como casi no se cultivan, las quiere salvar de la extinción. “También porque el pool genético que tienen esas variedades tradicionales muy adaptadas a esta zona son clave a la hora de querer relanzar la producción isleña desde una perspectiva agroecológica”, remata.

Y, como dijimos al principio, todo esto entrelazado por las emociones: “En la búsqueda de estos frutales normalmente yo contacto gente muy mayor que tienen todavía algún que otro árbol de perdido en su quinta, medio abandonado y tapado por los suyos”, cuenta.

“Cuando me entero de que puede haber alguien que tiene material genético de este tipo me acerco, charlamos, les cuento lo que estoy haciendo y en general la propuesta es muy bien recibida porque sienten que hay interés por toda su historia o por su trabajo y se genera un muy lindo intercambio, tanto de saberes tradicionales que estas personas comparten generosamente como también del material genético que se puede conseguir. Todo es muy emocionante y, la verdad, muy reconfortante para mí, me dan más ganas de seguir con esto”.

El vivero se especializa en ciruelos y manzanos de variedades antiguas, con un poco de pera (como la Pera de Navidad, que se cosecha a fin de diciembre) y durazno (como la variedad celandia de cáscara muy fina, ideal para comer pero más difícil de comercializar). En ciruelas tiene Capri, Triserri, Fragata, Genovesa, Juanita, Rato, Rubén y centenaria todas de la isla y diferentes características. En manzanas, variedad Carasucia verde, Datas, Favorita, Colita, Rayada, Bomba y Paigu. Y un dato interesante: usa plantas nativas para crear corredores biológicos y hacer control de plagas.

El sistema de reproducción es por injertos como la mejor forma de preservar todas las características de una variedad en particular. “Muchas veces son plantas muy antiguas que contienen enfermedades que no pueden curarse fácilmente, entonces hay que hacer todo un trabajo de limpieza que a veces lleva años hasta lograr una planta sana”, explica Federico.

“Estoy armando un predio de media hectárea como reservorio genético de estas variedades con la idea de generar un modelo que sea replicable para pequeños productores, donde se puedan poner en practica técnicas agroecológicas de manejo, corredores biológicos y todo lo que es el manejo de este suelo para poder relanzar la producción frutícola isleña”, detalla Federico.

“Cada vez hay más interés de la sociedad por la agroecología y es clave que haya consumidores así los productores pueden crecer. Hasta ahora no ha habido mucho apoyo de las instituciones, aunque poco a poco también están comenzando a aparecer y eso es muy importante también”.

FUENTE: Bichos de Campo

Imposible apagar tanto fuego

En la última semana de agosto los incendios en los humedales del río Paraná volvieron con toda la furia: hubo más de 2.300 focos, el humo llegó a Rosario y tuvieron que salir volunaries a apagarlo. Septiembre llegó con lluvia y alivio. Al menos por unos días.

Foto: Carlos Salazar

El martes de esta semana un grupo de 9 personas salió en lanchas rumbo a las islas del humedal del río Paraná, frente a la ciudad de San Nicolás de los Arroyos. Iban a apagar el fuego que avanzaba sobre las casas y los animales de la zona. Al frente del grupo estaba Hugo Capacio, un ex bombero de alto rango retirado que el año pasado había colaborado para apagar el fuego en las islas frente a Rosario.

El grupo hizo un cortafuegos extenso y logró frenar las llamas. El operativo de emergencia fue montado por la Multisectorial Humedales, MoRedeHu,Punta de Flecha y las organizaciones nicoleñas CONA y La Matriz Consciente. La escena es una de las tantas que se viven por estos días en el delta del Río Paraná. Mostró una vez más cómo el fuego intencional avanza sobre los humedales y son las personas que defienden el territorio quienes se ocupan de frenarlo ante el silencio de las autoridades.

El 2020 los incendios en los humedales del Paraná fueron una noticia cotidiana. Todos los días nuevos focos arrasaban con uno de los ecosistemas más importantes del mundo mientras crecía el reclamo por una ley que los proteja. Este 2021 nada cambió.

En lo que va del año hubo más de 9.200 focos de incendio. En enero, febrero y marzo superaron el promedio de los 9 años anteriores. Sólo la semana pasada, del 23 al 30 de agosto, se registró la mayor cantidad de quemas de todo el año: 2.323 focos. Entre el año pasado y lo que va del 2021 se quemaron más de 700 mil hectáreas del delta del Paraná: un 30 por ciento de su territorio.

Los datos de los últimos días fueron difundidos por el Museo de Ciencias Naturales Scasso de San Nicolás desde donde hacen un seguimiento de los focos de calor a partir de imágenes satelitales de alta resolución. Es una de las pocas estadísticas actualizadas que hay disponibles.

En la última semana de agosto el fuego avanzó rápido y feroz y sólo lo pudo frenar la tormenta de Santa Rosa. Hace 15 días en el norte de Buenos Aires se quemaron entre 70 mil y 75 mil hectáreas. Pero el número crece día a día. “Hoy estamos hablando de aproximadamente 160 mil hectáreas. Los últimos días fueron tremendos”, dijo esta semana Matías De Bueno, referente del Observatorio Ambiental de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) en el programa “El primero de la mañana” de LT8.

Donde hubo fuego cenizas quedan

El año pasado las quemas, que según el Plan Nacional de Manejo del Fuego fueron intencionales en un 90 por ciento, afectaron 300 mil hectáreas del Delta del Paraná. Hubo reuniones de autoridades, envío de efectivos y aeronaves de Nación para apagar los incendios y hasta la instalación de los llamados Faros de Preservación para detectar focos más rápido y minimizar daños, un reclamo que se arrastraba desde las quemas de 2008.

Pero el fuego volvió: hubo denuncias en marzo, abril y mayo en zonas alejadas del curso principal del Paraná. Y en agosto volvió a encenderse.

Por si hacía falta agregar leña al fuego (o sacarle agua), este año se sumó la bajante histórica del Río Paraná. En el puerto de la capital de Corrientes el hidrómetro registró 0,29 metros, en criollo: una altura que no se registra desde 1944. Pero el problema no es sólo el bajo nivel sino el tiempo ininterrumpido en esta situación: superó los 750 días. En medio de una crisis sanitaria global, el ecocidio no para de romper récords. No hay registro de una situación similar desde 1901, cuando empezó el registro hidrométrico en Corrientes.

Humedales en la agenda

Los humedales son ecosistemas que funcionan como esponjas que desaceleran el flujo del agua y regulan las inundaciones y las sequías. Por eso, cumplen un rol muy importante en la mitigación del calentamiento global. Hace menos de un mes el informe de la IPCC de la ONU reportó que el cambio climático no solo es alarmante: algunas de sus consecuencias ya son irreversibles. En Argentina los humedales ocupan casi un cuarto del territorio. Y se están quemando a todo ritmo.

La agenda ambiental día a día y lucha a lucha se instala con más fuerza en el debate público gracias a la militancia de organizaciones ambientalistas y antiespecistas. En temporada de campaña les candidates son interpelades sobre sus propuestas como nunca antes. Activistas, referentes de la cultura y organizaciones lanzaron el pedido de un cupo de preguntas sobre temas ambientales en las elecciones, un reclamo que pocos medios tomaron. Y las respuestas son vagas, muy vagas.

Ley de Humedales YA

En 2020 los incendios intencionales que se vieron en todo el país arrasaron con la flora y fauna local de los humedales. La dimensión de la catástrofe ambiental reavivó el debate por la ley de humedales y se presentaron 13 proyectos en el Congreso (diez en Diputados y tres en Senadores). Finalmente hubo un primer dictamen en la Comisión de Recursos Naturales y Ambiente Humano de la Cámara de Diputados en el cierre de las sesiones ordinarias. En 2021 debía tratarse en las otras tres comisiones asignadas (Agricultura y Ganadería; Intereses marítimos, fluviales, pesqueros y portuarios, y Presupuesto y Hacienda). Nada de eso pasó. Desde las organizaciones sociales y ambientales denuncian que los intereses inmobiliarios, agropecuarios y mineros hicieron (y siguen haciendo) lobby para que el Estado no se meta.

El domingo 29 de agosto, la Multisectorial de Humedales, ambientalistas y vecines cortaron el puente Rosario-Victoria para exigir que se ponga fin “a los nuevos focos de incendio” que devastaron las islas del Delta del Paraná y para pedir el tratamiento de la Ley de Humedales cajoneada en el Congreso.

Dos semanas antes habían realizado una travesía de más de 350 kilómetros a remo para visibilizar su pedido. Desembarcaron en CABA el martes 17 de agosto y al día siguiente, con los kayaks y los remos al hombro, encabezaron una manifestación multitudinaria frente al Congreso junto a otras organizaciones ambientalistas de todo el país.

El miércoles empezó a llover. En Rosario el olor a humo invadió la ciudad por el cambio de viento y por el agua que empezó a apagar el humedal. Hay algo de calma después de la tormenta. Pero no va a durar mucho. Y mientras tanto, el aire se contamina, la flora y fauna local muere y mientras las comsiones no tratan el proyecto de ley de humedales, corre el riesgo de que pierda estado parlamentario.

FUENTE: Cosecha Roja

Las multinacionales van por su “Hidrovía”: Recuperemos nuestras vías navegables

En medio de la disconformidad creciente de sectores organizados que reclamamos contra la reprivatización de nuestros ríos, el Gobierno del Frente de Todos prorrogó la concesión que venció este 30 de abril por noventa días.

Esta concesión favorable a las multinacionales rige desde 1995. El Decreto 949/2020 llama a licitación internacional para reprivatizarlo y seguir entregando nuestra soberanía fluvial y portuaria, favoreciendo al modelo extractivista y depredador de nuestros bienes comunes.

Desde el MULCS, el Frente por la Soberanía Nacional y otros espacios sociales y políticos seguimos luchando por derogar este Decreto, y construir un país para las mayorías populares.

Ubiquemos primero a la mal llamada Hidrovía en su contexto geopolítico:

Lo que las multinacionales extractivistas llaman “Hidrovía” es el dominio y control que tienen de la Cuenca del Plata, la mayor red de navegación fluvial del planeta. Por ese medio, se comercia y se extrae el 50% de las proteínas del mundo, el 80% de nuestras exportaciones y el 90% de lo que importamos. Es el espacio donde se encuentra el complejo oleaginoso más grande del planeta y el “granero del mundo”.

Para nosotres es en realidad una unidad territorial, económica, productiva, de comunicación, comercio y de navegación que compromete a cinco países: Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia.

Son 3400 kilómetros del Río Paraná, desde Puerto Cáceres, en Brasil hasta su desembocadura en el Río de la Plata, que abarca más de 3 millones de kilómetros cuadrados, y que se hunde en las entrañas más ricas de Sudamérica.

Es por aquí donde, desde la conquista Española, cuando Magallanes advirtiera haber descubierto “La puerta de la tierra” como definió a nuestro Río Paraná, se sigue desangrando Nuestra América. Por estos ríos saquean nuestros bienes comunes y las materias primas que sirvieron para desarrollar la industria en Europa y permitió acumular el capital primario para el desarrollo capitalista. Por la misma vía, nos vendieron después sus productos industrializados.

Desde entonces, y a pesar de las históricas y heroicas batallas, como fue la de Vuelta de Obligado en 1845, la de Punta Quebracho y la de los pueblos Originarios, el Río Paraná y la Cuenca del Plata representa una de las principales ambiciones del colonialismo y el imperialismo.

Hoy en día nos encontramos con la realidad de un presente, que lejos de honrar aquellas históricas batallas que defendieron nuestra Soberanía, da cuenta de la continuidad y profundización de un modelo de entrega y de mayor dependencia económica y política sometida al imperialismo. Su máxima expresión actual radica en el Decreto Presidencial 949-20, que pretende renovar la privatización de nuestras vías navegables y control del comercio exterior. Está hecho a la medida de las ganancias de las multinacionales agroexportadoras, incentivando un modelo extractivista que depreda nuestro medio ambiente, recursos naturales y bienes comunes en detrimento de nuestro pueblo y en beneficio de empresas extranjeras.

Su “Hidrovía” y nuestros derechos

La EMPRESA HIDROVÍA S.A es la capacidad logística que poseen las multinacionales y el imperialismo de abastecerse de materias primas y recursos naturales sin prácticamente ningún control por parte del Estado Argentino, ya que rinden cuenta por declaración jurada que les permite evadir y contrabandear alrededor de 30 mil millones de dólares por año.

Nosotres, desde el MULCS y la Cooperativa de Trabajadores Isleñes 20 de Noviembre, integramos e impulsamos el Frente por la Soberanía Nacional que construimos junto con organizaciones políticas, sindicales, de derechos humanos y sociales de todo el país. Y desde donde repudiamos firmemente semejante entrega, exigimos que se derogue el decreto 949-20 y se cree una empresa estatal que se haga cargo de nuestros puertos y ríos, del dragado, balizamiento y el comercio exterior, creando una flota mercante de bandera nacional en astilleros argentinos, que proteja a su vez nuestros bienes comunes y nuestro medio ambiente.

Nos oponemos a la profundización del calado del río Paraná a 42 pies para que ingresen buques Pánamax de 400 metros de eslora al solo efecto de maximizar ganancias de las empresas exportadoras, porque dragar a esa profundidad significa remover 900 millones de metros cúbicos de sedimentos y barros, que no solo causarían una catástrofe ecológica en el Delta del Paraná, sino también al Río de la Plata, alterando todo el ecosistema del Estuario y los humedales. Este desastre afectará también al agua que se consume en la ciudad de Buenos Aires y en nuestro conurbano.

La decisión política del presidente A. Fernández y el Ministro de transporte que expresa el decreto 949-20, en línea con los condicionamientos del FMI, ha agudizado las contradicciones que ya existían al interior del Frente de Todos como coalición de gobierno. Su dirección demuestra no tener la vocación de representar los intereses nacionales y populares para lo cual lo votara la mayoría de nuestro pueblo.

Estas contradicciones se expresan en los elogios de algunos funcionarios del FdT del récord de producción y exportación de granos de las empresas multinacionales, que en el último año ganaron más de 50 mil millones de dólares. Por otro lado en los últimos 20 años se han deforestado 70 millones de hectáreas para plantar soja, expulsando y contaminando a las poblaciones y les trabajadores rurales, y llegamos en la actualidad al 65% de nuestros pibes y al 45% del nuestro pueblo viviendo bajo la línea de pobreza.

Nosotres consideramos inalienable el derecho a la soberanía sobre este tema estratégico si queremos ser una nación libre al servicio de los intereses de nuestro pueblo y no de las multinacionales imperialistas.

Recordamos las palabras de John William Cooke: “Existe un principio geopolítico por el que se determina que la situación geovial constituye un fuerte poder político para el país capaz de mantenerse independiente, trayendo, en cambio, la dependencia económica a un país que no quiera o no pueda protegerse del lucrativo comercio intermediario, conquistado por el imperialismo”

Reivindicamos el Frente por la Soberanía Nacional

Desde la Cooperativa de Trabajadorxs Isleñes 20 de Noviembre y el MULCS, nos sentimos honrados de integrar y felicitamos al Frente por la Soberanía Nacional, que sin sectarismos ni oportunismos tiene como principal objetivo aportar todo lo posible para construir la unidad que necesitamos para organizar y difundir la lucha por nuestra Soberanía, poniendo por encima de nuestras diferencias ideológicas y políticas, la defensa de nuestra Soberanía, que es la defensa de los intereses de nuestro pueblo.

Estamos seguros que la línea política ha sido correcta, ya que hemos logrado en poco tiempo instalar en el centro de la agenda política y la militancia más comprometida, la contradicción que existe entre “Hidrovía” y “Soberanía”.

Reafirmamos nuestro compromiso de seguir aportando a la construcción del Frente por la Soberanía Nacional como lo venimos haciendo y a la lucha por la derogación del 949/20. Aceptamos el desafío necesario que nos falta de llevar nuestra posición a los sectores populares organizados en los movimientos territoriales, que son les principales afectades por las consecuencias del modelo que representa la aplicación de este Decreto y quienes tienen un rol fundamental en la lucha en las calles para lo cual ya estamos trabajando.

Para nosotres, la patria es un estado de conciencia popular, es antiimperialismo, y la soberanía no se negocia. Defender nuestros bienes comunes es defender la vida y el futuro de nuestro pueblo trabajador.

FUENTE: MULCS

Comunicado de organizaciones sociales en defensa de la soberanía contra el decreto 949/20 (Hidrovía)

Desde la Cooperativa de Trabajadores Isleñxs 20 de Noviembre-Mulcs (Movimiento por la Unidad Latinoamericana y el Cambio Social), difundieron por redes sociales un comunicado contra el citado (y cuestionado) decreto argumentando razones tanto de soberanía como ambientales.

«Dicen que antes de entrar en el mar, el río tiembla de miedo; mira para atrás todo el recorrido, las cumbres y las montañas, el largo y sinuoso camino que atravesó entre selvas y pueblos, y ve frente de sí un océano tan grande, que entrar en el sólo puede significar desaparecer para siempre.
Pero no existe otra manera.
El río no puede volver.
Nadie puede volver.
Volver atrás es imposible en la existencia.
No hay otra manera, el río no puede volver.
El río necesita aceptar su naturaleza y entrar al océano. Solamente entrando en el océano se diluirá el miedo.
Porque sólo entonces sabrá el río que no se trata de desaparecer en el océano, sino de convertirse en océano.»

Khalil Gibran

Seámos como el río, tomemos conciencia y saquémosnos el miedo.

Si avanza el Decreto 949-20, el dragado que impone el mismo al río Paraná a 42 piés para que entren buques Pánamax de 400 mts de eslora para maximizar las ganacias de las multinacionales agroexpoetadoras y extractivistas, como el que vararon en el canal de zuez para aumentar el petroleo,
VA A GENERAR UN DAÑO AMBIENTAL Y ECOLÓGICO SIN PRECEDENTES,
no solo al Río Paraná sino a todo el ecosistema del Delta y a los humedales.

Al dragar a esa profundidad se desmoronarían las barrancas, dejaría de entrar agua a las islas porque correría con mas fuerzas aguas abajo. Y tantos cientos de miles de mts cúbicos de refulado ( arena y barro) saldrían al Río de la Plata modificando todo el ecosistema.

El Delta crecería en forma inédita. Aunque quizás ya estén pensando en mas emprendimientos inmobiliarios en las islas nuevas que se formarían.

El Dto. 949-20 no solo da cuenta de la continuidad de un modelo de entrega de soberanía y mayor dependencia económica. Sino que produciría un daño ecológico y ambiental inédito para los humedales de la Cuenca del Plata y del Delta!!!

FUENTE: Cooperativa de Trabajadores Isleñxs 20 de Noviembre-Mulcs Movimiento por la Unidad Latinoamericana y el Cambio Social.
Delta del Paraná

Ley de Humedales: «El Delta del Paraná hay que pensarlo integralmente»

La investigadora Sofía Astelarra explicó que es necesaria la ley porque permitiría regular en términos interjurisdiccionales las actividades en todo el Delta del Paraná, donde el Delta del Tigre es el tramo final, donde se reciben todos los efectos de los modos de uso de todo el delta, como por ejemplo los contaminantes sin tratar que vienen de Entre Ríos.

Agrupaciones ambientalistas y vecinos de Tigre, Escobar, San Fernando y Dique Luján.

El Delta del Paraná hay que pensarlo «de manera integral, porque acá recibimos todos los impactos humanos y ambientales río arriba», dijo hoy a Télam la especialista Sofía Astelarra, en el contexto de los reclamos sobre la necesidad de una Ley de Humedales.

Astelarra, becaria posdoctoral de Conicet, integrante del Grupo de Estudios Ambientales del Instituto Gino Germani y parte del Observatorio de Humedales del Delta, sostuvo que «es necesaria la ley porque permitiría regular en términos interjurisdiccionales las actividades en todo el Delta del Paraná, donde el Delta del Tigre es el tramo final.

Acá recibimos todos los efectos de los modos de uso de todo el delta, como por ejemplo los contaminantes sin tratar que vienen de Entre Ríos»

«Es necesario monitorear las problemáticas; hay que empezar a pensar el delta de una manera integral porque acá recibimos todos los impactos humanos y ambientales de río arriba», explicó.

Astelarra manifestó la preocupación de los isleños por la vuelta del turismo en la zona tras el aislamiento social preventivo y obligatorio por el coronavirus.

«Buscamos visibilizar las problemáticas del territorio, principalmente en la navegación porque con la vuelta del turismo ‘depredador’, que es un tipo invasivo, poco respetuoso de la vida isleña y sobre todo de la navegabilidad, las embarcaciones de gran porte y motos de agua circulan por todos lados y a gran velocidad. Se degradan las costas y empieza a haber accidentes de tránsito, es un poco violento», indicó.

«Queremos concientizar a la gente que venga a las islas»

La caravana llegó a remo a la estación de tren de Tigre Centro.

Astelarra también se refirió a la marcha de agrupaciones ambientalistas y vecinos de Tigre, Escobar, San Fernando y Dique Luján que se realizó este sábado, en reclamo de una Ley de Humedales.

«Esta manifestación surgió de un encuentro transfeminista que hicimos en el Delta del Tigre para empezar a adelantarnos a la vuelta del turismo y la llegada del verano, donde armamos la campaña ‘Cuidando el humedal en vísperas de un verano ardiente'», describió.

Los vecinos y organizaciones se convocaron en una caravana náutica en el arroyo Gambado y río Luján para visibilizar la «urgente necesidad» de una Ley de Humedales.

La caravana llegó a remo a la estación de tren de Tigre Centro y concentró en la fluvial, donde se manifestaron artísticamente y reclamaron por la sanción del proyecto.

Los manifestantes protestaron por «la pérdida de miles de hectáreas de monte por las quemas y por el agrocultivo con agroquímicos que contaminan los ríos, proliferando las cianobacterias, tóxicas para todos los seres vivientes del humedal, contaminando el agua para el consumo humano y de animales», según manifestaron los organizadores.

FUENTE: Télam

Tras nueve meses de incendios, asoman brotes verdes entre las cenizas del humedal

15 noviembre, 2020dn

Para los ecologistas que recorren a diario las islas frente a Rosario, San Lorenzo y Puerto General San Martín, el rebrote de la vegetación “es un canto a la vida, un volver a renacer” después del desastre ambiental causado por los incendios.

Las quemas han mermado y hay islas de la zona donde rebrota la vegetación entre las cenizas

Mientras aún persisten focos de incendios en islas del Delta del Paraná, una incipiente vegetación comienza a brotar entre las cenizas del humedal, donde numerosas especies de fauna silvestre fueron diezmadas por las últimas quemas.

Para los ecologistas que recorren a diario las islas frente a Rosario, San Lorenzo y Puerto General San Martín, el rebrote de la vegetación “es un canto a la vida, un volver a renacer” después del desastre ambiental causado por los incendios.

“Si bien los focos se mantienen en lo profundo del Delta, las quemas han mermado y hay islas de la zona donde hemos visto cómo rebrota la vegetación entre las cenizas”, 

dijo a Télam, Pablo Cantador, del Grupo ecologista El Paraná No se Toca.

Precisó que eso sucede por ejemplo, en Isla La Enramada, en zona de El Paranacito (cerca del legado Deliot); en isla Rosita (frente a San Lorenzo) y otras islas ubicadas frente a la ciudad de Rosario.

“Hay brotes y una pequeña cubierta vegetal que asoma debajo de especies como aromitos, ceibos y timbó, aunque todo lo que era semilla y que se encontraba abajo, no están, se quemaron todas”, lamentó el ambientalista.

Hay brotes y una pequeña cubierta vegetal que asoma debajo de especies como aromitos, ceibos y timbó

Y agregó: “Algunos árboles también están brotando y otros se quemaron por completo. Hay un gran porcentaje de ceibos que empezó a brotar y que son los que más aguantaron el fuego”.

El ecologista trazó luego un triste panorama en cuanto a la fauna que habita el lugar: “En la recorrida por todas estas islas, donde antes se veían no menos de 50 especies, ahora solo se ven 15”.

“Tampoco hemos visto las aves que emigran todos los veranos, solo avistamos a dos especies, cuando por lo general ya tendrían que haber como ocho”, subrayó.

Y dijo que aves laguneras y acuáticas como el chajá, desaparecieron junto con las lagunas. “No sabemos qué pasó con esas aves, al igual que los coipos (falsa nutria), que habitaban las márgenes del río. Escaparon o murieron por el fuego”, aventuró.

Por otra parte, Cantador hizo referencia a la caza furtiva que se incrementó tras los grandes incendios: “Cazan y matan fácilmente a carpinchos y nutrias, porque los animales ya no tienen refugio en las islas”, explicó.

En tanto, para Jorge Bártoli, conocido ambientalista santafesino, una de las causas por las cuales no se ven ahora tantas quemas “es porque ya no queda mucho por quemar. Las islas frente a Rosario se han quemado por completo”, expresó.

En la recorrida por todas estas islas, donde antes se veían no menos de 50 especies, ahora solo se ven 15.

“Si alguien quisiera prenderles fuego no hay vegetación por quemar, pero lo positivo es que de entre las cenizas el rebrote verde viene asomando”, afirmó.

Y añadió: “Quisiéramos creer que lo peor de la crisis pasó. Da la impresión que los controles, la actuación de la Justicia y este desfile de 50 imputados por los incendios en los tribunales tuvo un efecto disuasorio y las quemas han mermado”.

No obstante, advirtió que el problema “seguirá existiendo en las próximas semanas y meses, porque sigue sin llover y el río Paraná sin crecer”.

Finalmente, el licenciado en Ciencias Biológicas y director del Museo de Ciencias Naturales “P. Antonio Scasso”, de San Nicolás, Jorge Liotta, dijo a Télam que entre el 2 y 8 de este mes, “la cantidad de focos detectados volvió a crecer, aunque sin alcanzar valores muy elevados (542, contra 441 de la semana anterior)”.

“En lo que va de 2020 se registraron 37.108 focos de calor, y agosto último es hasta ahora el mes con mayor cantidad de focos: 15.882”, reveló el especialista, en base a datos y observaciones obtenidas a través del seguimiento de un satélite de la NASA.

FUENTE: Télam

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La sustentabilidad llegó al Delta: las Ecolanchas buscan reemplazar a las históricas colectivas

Las tradicionales a diesel no sólo conllevan una tecnología muy antigua e insegura, sino que cada una contamina lo equivalente a 130 automóviles. 

Ecolancha en el Delta
Proyecto Ecolancha.

Está claro que el desarrollo de la movilidad limpia y sustentable es uno de los grandes desafíos del mundo. Desde hace varios años que en nuestro país el debate sobre la electrificación del transporte abarca a los autos particulares, motos y hasta bicicletas, pero todavía no había interpelado a la comunidad naviera.

Ahora le tocó el momento a las famosas lanchas colectivas de pasajeros que frecuentemente circulan por nuestros ríos y son responsables de un alto grado de la contaminación. 

Las lanchas convencionales no sólo son una tecnología muy antigua e insegura, sino que cada una contamina lo equivalente a 130 automóviles. Además, generan contaminación sonora (su nivel en cabina de pasajeros es superior a los 95 dBA), son responsables de la erosión de las costas y utilizan combustibles no renovables.

Por otra parte, tienen altos costos de mantenimiento, ineficiencia operacional y gastos elevados en combustibles, lo que genera importantes dificultades económicas para las empresas operadoras. 

Esto marca la imperiosa necesidad de modernización del transporte fluvial para buscar un modelo más sostenible, eficiente, seguro, rentable y con un nivel sonoro aceptable. Algunos países nórdicos ya están muy avanzados en el tema como es el caso del Yara Birkeland en Noruega, un buque eléctrico y autónomo con capacidad para transportar 120 contenedores de más de 80 metros de largo, que desde hace ya unos meses se lo ve navegando en esas costas. 

En otros lugares del mundo, el avance en la legislación del transporte fluvial obliga a la utilización de motores eléctricos para cruceros que pretendan navegar por determinados puertos o lugares turísticos a fin de reducir el impacto ambiental.

En el caso del Reino Unido, por ejemplo, se estableció que a partir del 2025 no se podrán fabricar barcos que no tengan al menos propulsión híbrida. 

Con respecto a Argentina, el gran desafío se concentra en las lanchas colectivas que circulan por nuestros ríos y mares. El ingeniero naval Nicolás Fothy, fundador y CEO de Naval Electric, empresa pionera en nuestro país, desarrolla el tema desde hace aproximadamente tres años. Junto con un grupo de ingenieros y desarrolladores argentinos, trabajaron en un prototipo para la Ecolancha, una versión moderna con estilo vintage de las famosas “colectivas” que trasladan anualmente a más de un millón y medio de personas por el Delta.

La Ecolancha será construida con materiales y conceptos modernos y motores eléctricos con almacenamiento de baterías de litio, produciendo ahorros notables y un gran avance en el cuidado del ambiente en una zona considerada una verdadera reserva ambiental del mundo.

Tecnología

La Ecolancha propone una propulsión 100% eléctrica, es decir que cuente con un motor eléctrico y 6 baterías de litio de 40 kWh (total 240 kWh), basado en una tecnología alemana denominada Torqeedo. Las baterías pueden ser cargadas con energías renovables desde el muelle o amarra, mediante paneles solares conectados a una tensión de 220 V. 

Los motores Torqeedo fueron creados en el año 2005 por Christoph Ballin, quien, motivado por reemplazar la propulsión de combustibles fósiles en los lagos de Alemania, logró en pocos años ser el líder en propulsión eléctrica en el agua, con distribución en más de 50 países y 70.000 motores vendidos.

Estos motores, que van desde los 1 a 160 HP, pueden ser aplicables para cualquier tipo de embarcación (kayak, semirigido, veleros, lanchas, cruceros y embarcaciones de trabajo), y cuentan por un lado con BMS (battery management system) que protege a las baterías Torqeedo frente a las sobrecargas, cortocircuitos o subidas de tensión, como también con GPS y computadora a bordo con el detalle de carga de baterías, velocidad y autonomía restante.

A su vez, los motores Torqeedo tienen una función extraordinaria que es la posibilidad de hidrogeneración, es decir, que cuando se navega a vela se mantiene la función de hidrogeneración y el motor funciona como generador de energía (o dinamo) y carga las baterías.

Entre las ventajas de estos sistemas se destaca la posibilidad de utilizar distintas energías renovables para su funcionamiento, que son silenciosas, no generan gases de combustión ni olores dentro de la embarcación, no generan vibraciones, son más livianas, conllevan un bajo mantenimiento, no contaminan ni el aire ni el agua, y eliminan el costo del combustible.

Sin embargo, las actuales limitaciones de este sistema están en su autonomía, ya que todavía no es equiparable con la de los motores a explosión a pesar de que la brecha es cada vez menor.

La carga de las baterías también aparece como otro obstáculo dado que existen pocos puntos de recarga en nuestros ríos. 

Estado actual y proyecciones

El plan piloto de la Ecolancha consistió en la construcción de un prototipo con una capacidad de 60 pasajeros y un valor de medio millón de dólares. Contó con la colaboración y auditoría del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), donde se hicieron prácticas laborales en el astillero, pruebas de navegación y verificación de contaminación. 

“El objetivo es reemplazar las 60 embarcaciones antiguas de pasajeros que recorren actualmente el Delta, que se abastecen de combustibles fósiles, altamente contaminantes, costosas, obsoletas, inseguras, entre otras características, por aquellas con propulsión 100% eléctrica, sin emitir gases a la atmósfera, silenciosas, más económicas y seguras”

Nicolás Futhy

A su vez, esta propuesta crearía alrededor de 90 puestos de trabajo y generaría activos en desarrollo de tecnología de baterías, cuya materia prima, el litio, abunda en nuestra región.

Por otro lado, en el 2018 se llevó adelante un proyecto en los talleres de Tenaris, empresa metalúrgica del grupo Techint, donde se construyó una lancha eléctrica solar en la Localidad de Campana, Provincia de Buenos Aires.

La lancha solar tiene una capacidad de hasta 15 pasajeros, motor equivalente a 30 HP, se impulsa con energía renovable, y fue donada a la ONG “Isleños Unidos II”, quienes actualmente la operan, recorriendo diariamente unos 18 km desde el Canal Alem hasta el Río Carabelas.

Lancha eléctrica, motor Torqeedo. Fuente: Nicolás Fothy, Naval Electric.

A su vez, Nicolás comenta que actualmente existen diversos proyectos de embarcaciones para uso privado, como también otros en proceso de desarrollo, como es el caso de una lancha de turismo ecológico para los Esteros del Iberá. Sin embargo, remarca que el gran cambio estaría en las lanchas colectivas. 

Naval Electric realizó diversas pruebas con veleros con propulsión auxiliar eléctrica, tal como comenta el diseñador de barcos Pablo Mastracchio en Artilleros del Sur:

“En las pruebas logramos el mismo desempeño que un motor Diésel de mayor potencial, excelente reacción para maniobrar en lugares pequeños y en reversa. El cambio de dirección es suave, sin sistemas mecánicos ruidosos. Nos ha sorprendido la velocidad con la que se instala, sin vibraciones ni ruido, sin tubos, caños, enfriadores, mangueras y sin olor a gasoil. Todo esto usando una energía limpia.”

Pablo Mastracchio

Si bien la inversión inicial de las lanchas eléctricas puede ser tres veces superior que las diésel, se pueden amortizar en cinco años y resultan mucho más económicas al considerar los 20 años de vida útil promedio.

Para tener una idea, el consumo anual de gasoil de una lancha convencional ronda aproximadamente los 50.000 dólares, mientras que el consumo eléctrico de las eléctricas es de apenas el 10% de ese valor. Algo similar sucede con los costos de mantenimiento, que alcanzan los 5.000 dólares anuales en el caso de las eléctricas contra unos 20.000 dólares en las diesel. Estos ahorros no solo aseguran la sostenibilidad del sistema, sino además permiten a las empresas de transporte ofrecer un servicio seguro, limpio y más agradable

Fuente: energía online.com.ar

Tras nueve meses de incendios, asoman brotes verdes entre las cenizas del humedal

Para los ecologistas que recorren a diario las islas frente a Rosario, San Lorenzo y Puerto General San Martín, el rebrote de la vegetación «es un canto a la vida, un volver a renacer» después del desastre ambiental causado por los incendios.

Las quemas han mermado y hay islas de la zona donde rebrota la vegetación entre las cenizas

Mientras aún persisten focos de incendios en islas del Delta del Paraná, una incipiente vegetación comienza a brotar entre las cenizas del humedal, donde numerosas especies de fauna silvestre fueron diezmadas por las últimas quemas.

Para los ecologistas que recorren a diario las islas frente a Rosario, San Lorenzo y Puerto General San Martín, el rebrote de la vegetación «es un canto a la vida, un volver a renacer» después del desastre ambiental causado por los incendios.

«Si bien los focos se mantienen en lo profundo del Delta, las quemas han mermado y hay islas de la zona donde hemos visto cómo rebrota la vegetación entre las cenizas»,

dijo a Télam, Pablo Cantador, del Grupo ecologista El Paraná No se Toca.

Precisó que eso sucede por ejemplo, en Isla La Enramada, en zona de El Paranacito (cerca del legado Deliot); en isla Rosita (frente a San Lorenzo) y otras islas ubicadas frente a la ciudad de Rosario.

«Hay brotes y una pequeña cubierta vegetal que asoma debajo de especies como aromitos, ceibos y timbó, aunque todo lo que era semilla y que se encontraba abajo, no están, se quemaron todas», lamentó el ambientalista.

Hay brotes y una pequeña cubierta vegetal que asoma debajo de especies como aromitos, ceibos y timbó

Y agregó: «Algunos árboles también están brotando y otros se quemaron por completo. Hay un gran porcentaje de ceibos que empezó a brotar y que son los que más aguantaron el fuego».

El ecologista trazó luego un triste panorama en cuanto a la fauna que habita el lugar: «En la recorrida por todas estas islas, donde antes se veían no menos de 50 especies, ahora solo se ven 15».

«Tampoco hemos visto las aves que emigran todos los veranos, solo avistamos a dos especies, cuando por lo general ya tendrían que haber como ocho», subrayó.

Y dijo que aves laguneras y acuáticas como el chajá, desaparecieron junto con las lagunas. «No sabemos qué pasó con esas aves, al igual que los coipos (falsa nutria), que habitaban las márgenes del río. Escaparon o murieron por el fuego», aventuró.

Por otra parte, Cantador hizo referencia a la caza furtiva que se incrementó tras los grandes incendios: «Cazan y matan fácilmente a carpinchos y nutrias, porque los animales ya no tienen refugio en las islas», explicó.

En tanto, para Jorge Bártoli, conocido ambientalista santafesino, una de las causas por las cuales no se ven ahora tantas quemas «es porque ya no queda mucho por quemar. Las islas frente a Rosario se han quemado por completo», expresó.

En la recorrida por todas estas islas, donde antes se veían no menos de 50 especies, ahora solo se ven 15.

«Si alguien quisiera prenderles fuego no hay vegetación por quemar, pero lo positivo es que de entre las cenizas el rebrote verde viene asomando», afirmó.

Y añadió: «Quisiéramos creer que lo peor de la crisis pasó. Da la impresión que los controles, la actuación de la Justicia y este desfile de 50 imputados por los incendios en los tribunales tuvo un efecto disuasorio y las quemas han mermado».

No obstante, advirtió que el problema «seguirá existiendo en las próximas semanas y meses, porque sigue sin llover y el río Paraná sin crecer».

Finalmente, el licenciado en Ciencias Biológicas y director del Museo de Ciencias Naturales «P. Antonio Scasso», de San Nicolás, Jorge Liotta, dijo a Télam que entre el 2 y 8 de este mes, «la cantidad de focos detectados volvió a crecer, aunque sin alcanzar valores muy elevados (542, contra 441 de la semana anterior)».

«En lo que va de 2020 se registraron 37.108 focos de calor, y agosto último es hasta ahora el mes con mayor cantidad de focos: 15.882», reveló el especialista, en base a datos y observaciones obtenidas a través del seguimiento de un satélite de la NASA.

FUENTE: Télam