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Crece el Río Iguazú, el Paraná recibe sus aguas y en un mes aprox. llegarán al Delta y se podrá navegar mejor

El río Iguazú experimenta una notable crecida luego de copiosas lluvias en Brasil en la zona de su nacimiento.

Recordemos que venimos de una bajante histórica en el Río Paraná cuyas consecuencias llegaron a sentirse en el bajo Delta Bonaerense poniendo en evidencia el retraso en materia de dragados y mantenimiento de las vías navegables por parte del Gobierno de la Provincia.

La llegada de mas caudal hídrico disimulará el problema que se le adjudica erróneamente (y mentirosamente) a la bajante extraordinaria del Paraná, la verdad es que la misma no debería sentirse como un problema en el Delta si se mantuviera el dragado regular de los ríos y arroyos, una tarea que no se practica desde la privatización del Río Paraná (Hidrovía). Desde ese entonces la Dirección de Hidráulica de la Provincia, desmantelada, ya no asume el dragado del Delta, afectando así, incluso, el funcionamiento del Transporte Público Fluvial de pasajeros

Imágenes: Canal 9

Lector adolorido con Paraná, Canal y Decreto

Un ex marino, conductor de máquinas navales formado en dragas y ya nonagenario, envía a esta columna fotografías como la que ilustra esta nota con un texto sobrecogedor: «Con extrema tristeza ­–dice– sólo esto queda de la draga 259 ‘Buenos Aires’, que hoy en día está esperando quién sabe qué: desguase o que se hunda, o ambas cosas. Está abandonada en el puerto de Mar del Plata y yo navegué en ella».

Por Mempo Giardinelli

Y sigue su texto, adolorido: «Yo estudié en la Escuela Nacional Fluvial, desde los 14 hasta los 18 años y me recibí de conductor de máquinas navales. En esa escuela el destino de los cadetes eran estas embarcaciones, y era una inmensa alegría que el destino nos llevara a trabajar en una draga argentina. Pero hoy en día no queda nada y lo triste es ver el capital que se abandonó. Lo triste es contratar terceros. Lo triste es mirar hacia afuera…»

Paralelamente, y revisando apuntes sobre la época en la que se firmaron las concesiones de la mal llamada Hidrovía, que en los hechos fue más que una concesión –más bien fue una privatización– la entrega del río Paraná a capitales y empresas extranjeras todavía depara sorpresas. Desagradables todas, claro está, como las que esta columna viene denunciando desde hace más de un año. 

Y es que no son pocas las sorpresas que todavía pueden encontrarse y que llevan a redoblar la necesidad –y la urgencia–de la derogación inmediata del Decreto 949/2020 del Ministerio de Transporte, que está basado en leyes y concesiones de Menem y Cavallo, hoy intolerables, sobre todo cuando se constatan el estado agónico que atraviesa la economía argentina y el calamitoso e indigno presente en que vive más de la mitad del pueblo argentino.

Ese decreto –firmado el 25 de noviembre de 2020– autoriza el llamado a licitación pública nacional e internacional para adjudicar la concesión de obras “para la modernización, ampliación, operación y mantenimiento del sistema de señalización y tareas de dragado y redragado y mantenimiento de la vía navegable», lo cual no fue sino un vil ejercicio retórico para encubrir la renovación de la entrega a las dos empresas que explotaron (en todo sentido) el río durante un cuarto de siglo. Lo cual queda en evidencia porque en los considerandos del decreto se citan ­–como antecedentes– resoluciones, decretos y leyes surgidos bajo la inspiración de la legislación impuesta por lo que entonces se llamaba «Consenso de Washington» y que fue el modo imperial de reorientar el Mercosur hacia una integración neoliberal y privatizadoratanto para la Argentina como para Uruguay, Brasil, Bolivia y Paraguay. 

Curiosamente, revisitado hoy, es este mismo Decreto 949/2020 el que rememora su perversa y antinacional prosapia: fue por la Ley 24.385, de 1994, que se aprobó el «Acuerdo de Transporte Fluvial por la Hidrovía Paraguay-Paraná (Puerto de Cáceres-Puerto de Nueva Palmira)» que habían suscrito esos cinco países el 26 de junio de 1992. 

Se aprecia hoy, cabe subrayarlo, que no casualmente los dos puertos nombrados no eran argentinos sino uno paraguayo y el otro uruguayo. Argentina sólo ponía el río, al que le cambiaban el nombre. Y para comprender todo mejor debe recordarse quiénes eran por entonces los gobernantes que parieron esa maligna criatura: Fernando Collor de Mello en Brasil; el general Andrés Rodriguez en Paraguay, en Uruguay Luis Alberto Lacalle (padre del actual presidente), y en Bolivia el multiacusado de corrupción y narcotráfico Jaime Paz Zamora. El ideólogo del engendro fue argentino: Domingo Felipe Cavallo, por entonces ministro de Economía de Carlos Menem. 

De ahí que 30 años después, y a contramano del sometimiento que insiste en preservar el neoliberalismo vernáculo, resulta imperativo subrayar las razones para oponerse a ese Decreto 949/2020, que es imprescindible y urgente derogar para recuperar el Paraná y hacer operativo el canal Magdalena, y así la Argentina restablecer la soberanía.

La primera razón es que la Hidrovía no existe; se llama Río Paraná. Cambiarle el nombre y haberlo machacado durante 25 años fue una vil estrategia tramposa que esta columna viene denunciando. 

Porque la Hidrovía no existe. Nuestro rio se llama Paraná, como las Islas Malvinas se llaman Malvinas y no Falkland.

La segunda es subrayar lo que muchísimos compatriotas, quizás la gran mayoría del pueblo argentino, ignora: que el «comercio exterior argentino» del que siempre se habla, no existe. Porque no es argentino; es de las corporaciones que lo fugan. Y a nosotros, como pueblo, no nos queda nada. 

Y encima evaden impuestos. Como ha señalado el diputado santafesino Carlos del Frade, «paga más impuestos un kiosquero rosarino que un barco de 20.000 toneladas».

Y en tercer lugar hay que decir que los agroexportadores no pesan lo que sale de nuestros puertos. Sacan todo al mar mediante «declaraciones juradas» truchas. 

Es así como las grandes multinacionales se llevan al extranjero todo lo que produce la Argentina: productos mineros, industriales, automotrices, etc. Y encima contaminan y dragan sin importarles cuánto dañan al río. Y en muchos casos están asociadas al narcotráfico que prácticamente cogobierna la segunda provincia del país.

Y una cuarta razón para exigir la derogación de este Decreto 949/2020 es que permite que los entre 5.000 y 6.000 grandes barcos que cada año transportan prácticamente todo lo que se produce en nuestro país, lo saquen al mar y al mundo por el puerto transnacional de Montevideo, cuando la Argentina tiene su propia salida al Océano Atlántico: el Canal Magdalena, que por eso mismo es urgente y es clave rehabilitar.

Cabe recordar, además, que nuestro país tiene una historia naviera riquísima, que arranca a fines del siglo 19 y es plenamente recuperable en muy corto plazo, lo que no sólo será rentable sino que dará trabajo a decenas de miles de compatriotas. Sólo hay que acelerar la recuperación de los grandes astilleros Río Santiago y Tandanor, que hoy ya dan trabajo a miles de técnic@s argentinos bien capacitados. Por eso el Paraná es sinónimo de Soberanía y de paz, pan y trabajo.

Por todo lo anterior es imperativo que, como nación soberana, recuperemos el pleno y exclusivo control y cuidado sobre el río PARANÁ y el Canal Magdalena, que es un canal natural y tiene muchísimas ventajas sobre el hoy exclusivo canal montevideano. 

Hay un clamor que viene creciendo desde hace un año y medio: la soberanía sobre el río Paraná no es negociable, y el canal Magdalena tampoco.

Sobre todo, y léase bien, porque son el mejor y más veloz camino para la recuperación económica del país, el rápido pago de toda deuda externa, el pleno empleo y la restauración de nuestra dignidad como nación. Es por eso que en las siete provincias ribereñas, donde habitan entre 12 y 14 millones de argentin@s, el clamor soberano no deja de crecer.

Si el empeño en insistir con este nefasto decreto no es escandaloso, digan l@s lector@s qué lo sería. Esta columna afirma que es imperativo acabar con este antinacional decreto, y reencauzar todos los rumbos hacia la restauración de la plena Soberanía Nacional sobre nuestro río y su continuidad, también nacional, hacia el mar. 

FUENTE: Página 12

El Paraná: dolor y esperanza

El acuerdo con el FMI y la soberanía

Por Mempo Giardinelli

Bueno, hay una película a punto de terminar y que agrada particularmente a minorías con inmenso poder. Que celebran no tanto el convencimiento como la sumisión que logró la habilidad del diputado Sergio Massa en implícita alianza con la menesunda macrista y acaso el mismo Mauricio Macri. Ante los sonoros silencios del Presidente y la Vicepresidenta, la tragedia argentina de la noche del jueves al viernes se completó con el sospechoso y cobarde ataque al despacho de CFK, negado por la oposición y distorsionado por sus medios y telebasura en patético acto de confesión.

En esa Argentina que empezó a parirse el viernes, el duro retroceso de nuestra democracia­ y autonomía se cocinó con habilidad ­digna de mejor causa. Porque la entrega de la Soberanía de nuestro país sobre todas sus riquezas es un hecho feroz que condena a medio país al hambre, la miseria y la ignorancia de un solo golpe y en vil paquete, montado sobre el falso cacareo de que «no había otra salida» y que era «acuerdo o default».

Así, parece equivocado temer el retorno de la derecha en 2023. La derecha ya volvió y su debut fue potente.

Lo cierto es que la sumisión desde ahora es absoluta: no queda asunto alguno en el que la Argentina pueda tomar decisión soberana, o sea sin «acuerdos» (verbigracia: autorizaciones). Ya hay para eso un funcionario británico instalado en el Banco Central para monitorear día a día lo que decida y haga la Argentina. Así procede el arbitrario y habilísimo Fondo y todo el mundo lo sabe.

Quienes han luchado por recuperar la soberanía nacional sobre el emblemático río Paraná, como este columnista, sabían con dolor, esa madrugada, que éste era el fin cantado de la tragedia iniciada hace 67 años por milicos asesinos y civiles cipayos que en el largo andar hasta el presente destruyeron aquel país igualitario, justo, libre y soberano que fue la República Argentina.

Y país que a fines del siglo 20 fue degradado por robo, corrupción, rebatiña de concesiones y hasta un crimen masivo en Río Tercero.

El jueves quedó claro que muchos, demasiados, no aprendieron nada. Ese mismo día se publicó el Decreto 120/22, por el cual una larga sarasa firmada por Juan Manzur y Alexis Guerrera dispone que se transfiera todo a un «Ente Nacional de Control y Gestión de la Vía Navegable» para manejar las futuras concesiones. O sea más de lo mismo, en la línea del repudiado Decreto 949/20 cuya nociva supervivencia garantiza la condena política, económica y ambiental del río Paraná, al que ni se atreven a llamar por su nombre sino con el anónimo «vía navegable».

Ese río maravilloso –uno de los seis más importantes del planeta y que hoy, herido, ya no soporta más dragados criminales– sigue siendo potencialmente la tabla de salvación de la economía argentina. Lo que se concretaría con sólo recuperar el control del comercio exterior. En menos de 10 años se pagaría toda la deuda externa, e incluso la estafa macrista.

Lo peor es que es presumible que todos y todas en la Cámara de Diputados lo sabían. Bastaba, basta y seguirá bastando con renacionalizar el Paraná y el comercio exterior, y con abrir de una vez el Canal Magdalena, para reinstalarnos con potencia y soberanía en el Atlántico Sur. Sólo hace falta patriotismo y coraje. Con sólo eso se traza el camino de recuperación de este país.

Y esas decisiones, cabe decirlo, son de tradición nacional y popular: peronista por donde se mire, pero también radical de buena cepa, y socialista de Palacios y de la mejor izquierda nacional. Basta con recorrer nuestra Historia y nuestra geografía para advertir que la incertidumbre que produce este «acuerdo» de sometimiento con el FMI, en las provincias desata no sólo temor y resignación, sino también resentimiento porque son innumerables los pueblos agobiados y hartos de cierta frivolidad porteña y de sutiles violencias que desde la Capital Federal se ejercen día a día sobre millones de compatriotas que han perdido y pierden empleos, campos, cultivos, casas, industrias, almacenes, comercios, escuelas rurales hoy vacías y pueblos enteros despoblados y fantasmales.

Y todo a cambio de soja y otros granos y agrotóxicos que enriquecen a latifundistas millonarios que descaradamente eluden impuestos y retenciones.

De ahí que la pregunta que campea sin respuesta mientras nuestro gobierno sigue creyendo que todo se resuelve con mansedumbre y retrocesos como el de Vicentín y sonrisas en la Expoagro, es: ¿Cuánto más las dirigencias porteñas y sus lacayos en provincias van a seguir pagando deudas ilegitimas con el hambre popular?

Es sabido que por el complejo hídrico Paraná-Paraguay sale al mundo el 80% de las supuestas exportaciones argentinas.

Y sí, supuestas, porque en realidad no son nuestras sino de un puñado de compañías extranjeras. Dicho sea más claro: hoy el comercio exterior argentino es un incontrolado sistema de evasión porque las que exportan son empresas que no pesan, ni pagan impuestos, y los consorcios graníferos siempre zafan de retenciones.

Y mientras tanto nuestro río, emblema histórico y presente de la soberanía nacional, sigue desangrándose al ritmo de decretos rebuscados y confusos que hasta ahora sólo han hecho daño y cuyas secuelas, si se vuelve a privatizar el río por otros 20 o 25 años, agarrate Catalina…

Y también está a resolverse si la salida al Océano Atlántico será por aguas y puertos argentinos, vía Río de la Plata y Canal Magdalena, o si la Argentina, con los ríos y el mar que tiene, seguirá cautiva de un canal uruguayo que manejan capitales europeos y asiáticos.

Ya hace tiempo que en Santa Fe el diputado Carlos Del Frade hace docencia patriótica, y hace poco elevó un pedido de informes para que el gobierno de su provincia

«explique por qué quiere que los servicios de dragado, balizamiento y peaje del Paraná sigan en manos privadas y que, además, tengan salida al mar por el canal uruguayo de Punta Indio y en qué se basa para tamaña definición de política pública»

toda vez que Punta Indio es el canal adversario, digamos, de nuestro Magdalena, que está en el punto de encuentro del Paraná con el Atlántico y hasta ahora la Argentina desatiende.

Y peor aún: ya hay quienes pretenden que la navegación Paraná arriba sea con mayor calado (o sea dragando más) para que los agroexportadores privados extranjeros tengan más puertos en Santa Fe (Reconquista), en Chaco (Barranqueras) e incluso en Formosa, donde recibir grandes barcos, obviamente de bandera paraguaya, para suplir a las actuales barcazas, también paraguayas.

Para que se entienda de una vez: el Paraná es un eje político y económico que lo remueve todo.

Porque la soberanía no es un plato elegante de las cenas con discursos; es la base de la existencia de una nación como fuimos. Una que no se endeudó cuando gobernaron Yrigoyen, Perón, Illia y Néstor y Cristina Kirchner. Únicos presidentes que no tomaron préstamos infames que hipotecaran el futuro de generaciones. Como ahora sí hará –sarasas aparte– el dizque «acuerdo» que en verdad sólo sirvió para limpiarle la cola sucia a Macri y sus secuaces, y para que perdamos prácticamente la soberanía en todo.

Porque a partir de ahora, y con el Fondo en tu casa y en la mía y en la de cada argentino y argentina, no sólo no seremos soberanos sino ni siquiera dueños de nada: ni petróleo ni litio, ni oro, plata o cobre. Y a este paso ni las aguas de los humedales, si es que quedan humedales.

Es por esto, también, que los poderes económicos e incomunicacionales se oponen a una reforma constitucional, y se espantan cuando se propone una Nueva Constitución, o sea una que discuta todo, enteramente y sin limitaciones parlamentarias que sólo sirven para neutralizar lo que se reforme.

Imposible escribir esta nota sino con dolor y junando, sí que con fondo del maravilloso coro «Va pensiero» del «Nabucco» de Giuseppe Verdi, para cifrar la esperanza.

FUENTE: Página 12

Acusaciones entre ambientalistas de Santa Fe y la justicia de Entre Ríos por los incendios en el Delta del Paraná

Los focos de incendio que afectan a las islas del Delta del Paraná dañan la salud y el bienestar de todas las poblaciones de la región, sin importar límites provinciales. Pero dado que la gran mayoría de las islas donde se producen corresponden a la jurisdicción de Entre Ríos, organizaciones ambientalistas de Santa Fe pidieron a su gobierno que denuncie a la gestión vecina por falta de control. Desde allí, un fiscal respondió devolviéndoles la acusación y culpando a personas de Rosario por generar el fuego. La Multisectorial Humedales, desde esa ciudad, le respondió con dureza.

“El fiscal entrerriano Julio Rodríguez Signes no dudó un segundo en declarar a la prensa que Entre Ríos no tiene ninguna responsabilidad jurídica sobre los incendios. ¿En serio Sr. Signes piensa que la ciudadanía va a creer que Entre Ríos no tiene responsabilidad? El 83% del Delta del Paraná son humedales entrerrianos. ¿No es motivo suficiente para hacerse cargo? ¿En serio Sr. Signes se cree a usted mismo cuando dice que no tienen responsabilidad sobre el tremendo ecocidio que estamos viviendo, mayormente en tierras que son de su jurisdicción?”, se preguntaron quienes integran la Multisectorial, a través de un comunicado difundido este viernes. Agregaron que “el fiscal también declaró que es gente de Rosario la que hace un uso inadecuado del humedal y provoca incendios. Llevamos más de 50 mil focos de incendio y más de un millón de hectáreas quemadas. ¿En serio cree que vamos a creer que esto es causado por kayakistas que se olvidan un fogón prendido?”

Desde ese espacio, junto con la asamblea por los humedales de Villa Constitución, habían presentado el martes último pedidos a los gobiernos locales para que denuncien a Entre Ríos por “dejar hacer” ante prácticas que “devastan” los humedales, tanto las quemas como la construcción de terraplenes para avances inmobiliarios o ganaderos. La respuesta no tardó en llegar. Signes aseguró que su provincia –Entre Ríos- “no tiene ninguna responsabilidad jurídica” sobre los siniestros y afirmó que es “gente de Rosario la que hacen un uso inadecuado” de las islas.

A través de un comunicado, el funcionario judicial sostuvo que “adjudicarle responsabilidad” a esa jurisdicción por los hechos que se vienen produciendo “es un contrasentido”, teniendo en cuenta que “la mayoría de los imputados” en la causa penal federal que se inició por esta situación son oriundos de la mencionada ciudad santafesina.

Lo cierto es que, más allá del origen de los particulares denunciados, el planteo de las organizaciones ambientalistas apuntaba al rol del Estado como garante del bienestar y la salud de la población, y como responsable de la protección del ambiente a partir de sus herramientas de control y sanción.

“Por supuesto que algunos de los imputados en las causas son rosarinos. Dueños legítimos o usurpadores de terrenos en islas, grandes empresarios inmobiliarios y ganaderos que prenden fuego la vida para llenar sus cuentas bancarias. Sí, algunos de ellos son rosarinos. Y otros son entrerrianos, y otros bonaerenses.

¿En serio usted cree que la localidad del imputado le quita a ustedes responsabilidad cuando son ustedes los que no controlan, no multan, no ven, no encuentran, no apagan y encima habilitan actividades productivas sobre la tierra arrasada?”, respondieron desde la Multisectorial.

Así como el fiscal aseguró que Entre Ríos mantiene buen vínculo con Santa Fe y trabajo conjunto en relación a esta problemática, la respuesta de ambientalistas advirtió que “claramente el gobierno de Santa Fe es igual de cómplice. Ni siquiera pasa al Ministerio de Ambiente Nacional datos certeros sobre la cantidad de hectáreas quemadas en la provincia. Eso no les quita responsabilidad a ustedes. Eso solamente demuestra la corrupción del entramado del vínculo político que existe entre ambas provincias”.

El drama de los incendios en el Delta del Paraná se agravó el año pasado, cuando causaron serios daños en la región, afecciones respiratorias por la cantidad de humo y cenizas que cubrieron a varias ciudades. Este año, la bajante del Río Paraná complicó el cuadro, dificultando la tarea de apagar el fuego y permitiendo una rápida expansión de las llamas. Pese a estas condiciones, el reclamo de organizaciones ambientalistas apunta a la necesidad de más controles, más recursos destinados al tema y más compromiso político. Sobre esa base vienen reclamando intensamente por el avance de la Ley de Humedales en el Congreso, estancada en comisiones y a riesgo de perder estado parlamentario.

FUENTE: Tiempo Argentino

Provincia declaró la emergencia hídrica por la bajante del río Paraná

El gobierno de Axel Kicillof estableció la creación de un comité interministerial para brindar asistencia a las zonas afectadas a través de la ayuda a víctimas de la bajante, la preservación de reservas y recursos naturales, y la articulación entre la Provincia y las gestiones locales.

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, declaró este lunes la emergencia hídrica en la zona del delta del río Paraná, en virtud del fenómeno hidrológico de bajante extraordinaria que ocurre en su cuenca hace más de un año.

La declaración, oficializada este lunes en el Boletín Oficial, será por 180 días y comprende por los partidos de San Nicolás, Ramallo, San Pedro, Baradero, Zárate, Campana, Escobar, Tigre, San Fernando, San Isidro, Vicente López, Avellaneda, Berazategui, Berisso, Ensenada, La Plata y Quilmes.

Además, se creó el Comité Interministerial de Emergencia Hídrica,

“a efectos de articular con los organismos provinciales, nacionales y municipales las medidas de prevención, control y mitigación de los efectos producidos por la bajante hídrica y de identificación catastral de las zonas afectadas”.

Ese comité será coordinado por un representante de Jefatura de Gabinete e integrado por representantes de los Ministerios de Seguridad, Gobierno, Infraestructura, Desarrollo de la Comunidad, Trabajo, de Desarrollo Agrario, de Producción, Hacienda y Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS).

En paralelo, se facultó a la cartera de Seguridad, “a definir y articular las acciones o medidas necesarias para la gestión de situaciones de riesgo que se susciten en razón de la emergencia hídrica”.

También se habilitó que el OPDS “adopte las medidas necesarias para preservar los recursos naturales y conservar, proteger y recuperar reservas y áreas que puedan verse afectadas durante la emergencia hídrica”.

Infraestructura, por su parte, podrá tomar “medidas de intervención necesarias para morigerar los efectos provocados por la bajante hídrica” y Recursos Hídricos podrá “brindar asesoramiento y prestar colaboración”.

A la vez, al Ministerio de Desarrollo de la Comunidad se le permite “gestionar y supervisar la asistencia directa a personas víctimas de situaciones de emergencia, en caso de que los acontecimientos produzcan riesgos para los/as habitantes de las zonas alcanzadas por la emergencia”.

Desde el área de Desarrollo Agrario, se habilita a “gestionar y supervisar la asistencia a productores y productoras agropecuarios, forestales y pesqueros que vean afectada su producción, capacidad productiva y rendimiento, y a trabajadores y trabajadoras rurales, con el fin de morigerar o mitigar los efectos de la bajante” y Trabajo queda autorizado para “implementar programas y acciones de sostenimiento del empleo en las zonas afectadas por la emergencia hídrica”.

En los fundamentos de la medida, se recordó que “el déficit de precipitaciones en las cuencas de los ríos Paraná, Paraguay e Iguazú constituye uno de los factores determinantes para la bajante histórica, considerada la más importante en el país desde 1944”.

“Esta bajante presenta afectaciones incipientes al abastecimiento de agua potable, la navegación, las operaciones portuarias y las actividades económicas vinculadas a la producción y explotación de la cuenca hídrica y, en materia ambiental, los impactos esperados se relacionan con dos aspectos principales: la calidad y disponibilidad del agua y las consecuencias en la flora y fauna asociada a las dinámicas naturales propias de este mosaico de humedales”, sostiene el decreto publicado este lunes.

“La extraordinaria magnitud de los acontecimientos requiere que todas las áreas del Gobierno provincial aúnen esfuerzos para mitigar los efectos adversos de este fenómeno hidrológico en las zonas afectadas”, concluye.

FUENTE: Que Pasa Web

Imposible apagar tanto fuego

En la última semana de agosto los incendios en los humedales del río Paraná volvieron con toda la furia: hubo más de 2.300 focos, el humo llegó a Rosario y tuvieron que salir volunaries a apagarlo. Septiembre llegó con lluvia y alivio. Al menos por unos días.

Foto: Carlos Salazar

El martes de esta semana un grupo de 9 personas salió en lanchas rumbo a las islas del humedal del río Paraná, frente a la ciudad de San Nicolás de los Arroyos. Iban a apagar el fuego que avanzaba sobre las casas y los animales de la zona. Al frente del grupo estaba Hugo Capacio, un ex bombero de alto rango retirado que el año pasado había colaborado para apagar el fuego en las islas frente a Rosario.

El grupo hizo un cortafuegos extenso y logró frenar las llamas. El operativo de emergencia fue montado por la Multisectorial Humedales, MoRedeHu,Punta de Flecha y las organizaciones nicoleñas CONA y La Matriz Consciente. La escena es una de las tantas que se viven por estos días en el delta del Río Paraná. Mostró una vez más cómo el fuego intencional avanza sobre los humedales y son las personas que defienden el territorio quienes se ocupan de frenarlo ante el silencio de las autoridades.

El 2020 los incendios en los humedales del Paraná fueron una noticia cotidiana. Todos los días nuevos focos arrasaban con uno de los ecosistemas más importantes del mundo mientras crecía el reclamo por una ley que los proteja. Este 2021 nada cambió.

En lo que va del año hubo más de 9.200 focos de incendio. En enero, febrero y marzo superaron el promedio de los 9 años anteriores. Sólo la semana pasada, del 23 al 30 de agosto, se registró la mayor cantidad de quemas de todo el año: 2.323 focos. Entre el año pasado y lo que va del 2021 se quemaron más de 700 mil hectáreas del delta del Paraná: un 30 por ciento de su territorio.

Los datos de los últimos días fueron difundidos por el Museo de Ciencias Naturales Scasso de San Nicolás desde donde hacen un seguimiento de los focos de calor a partir de imágenes satelitales de alta resolución. Es una de las pocas estadísticas actualizadas que hay disponibles.

En la última semana de agosto el fuego avanzó rápido y feroz y sólo lo pudo frenar la tormenta de Santa Rosa. Hace 15 días en el norte de Buenos Aires se quemaron entre 70 mil y 75 mil hectáreas. Pero el número crece día a día. “Hoy estamos hablando de aproximadamente 160 mil hectáreas. Los últimos días fueron tremendos”, dijo esta semana Matías De Bueno, referente del Observatorio Ambiental de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) en el programa “El primero de la mañana” de LT8.

Donde hubo fuego cenizas quedan

El año pasado las quemas, que según el Plan Nacional de Manejo del Fuego fueron intencionales en un 90 por ciento, afectaron 300 mil hectáreas del Delta del Paraná. Hubo reuniones de autoridades, envío de efectivos y aeronaves de Nación para apagar los incendios y hasta la instalación de los llamados Faros de Preservación para detectar focos más rápido y minimizar daños, un reclamo que se arrastraba desde las quemas de 2008.

Pero el fuego volvió: hubo denuncias en marzo, abril y mayo en zonas alejadas del curso principal del Paraná. Y en agosto volvió a encenderse.

Por si hacía falta agregar leña al fuego (o sacarle agua), este año se sumó la bajante histórica del Río Paraná. En el puerto de la capital de Corrientes el hidrómetro registró 0,29 metros, en criollo: una altura que no se registra desde 1944. Pero el problema no es sólo el bajo nivel sino el tiempo ininterrumpido en esta situación: superó los 750 días. En medio de una crisis sanitaria global, el ecocidio no para de romper récords. No hay registro de una situación similar desde 1901, cuando empezó el registro hidrométrico en Corrientes.

Humedales en la agenda

Los humedales son ecosistemas que funcionan como esponjas que desaceleran el flujo del agua y regulan las inundaciones y las sequías. Por eso, cumplen un rol muy importante en la mitigación del calentamiento global. Hace menos de un mes el informe de la IPCC de la ONU reportó que el cambio climático no solo es alarmante: algunas de sus consecuencias ya son irreversibles. En Argentina los humedales ocupan casi un cuarto del territorio. Y se están quemando a todo ritmo.

La agenda ambiental día a día y lucha a lucha se instala con más fuerza en el debate público gracias a la militancia de organizaciones ambientalistas y antiespecistas. En temporada de campaña les candidates son interpelades sobre sus propuestas como nunca antes. Activistas, referentes de la cultura y organizaciones lanzaron el pedido de un cupo de preguntas sobre temas ambientales en las elecciones, un reclamo que pocos medios tomaron. Y las respuestas son vagas, muy vagas.

Ley de Humedales YA

En 2020 los incendios intencionales que se vieron en todo el país arrasaron con la flora y fauna local de los humedales. La dimensión de la catástrofe ambiental reavivó el debate por la ley de humedales y se presentaron 13 proyectos en el Congreso (diez en Diputados y tres en Senadores). Finalmente hubo un primer dictamen en la Comisión de Recursos Naturales y Ambiente Humano de la Cámara de Diputados en el cierre de las sesiones ordinarias. En 2021 debía tratarse en las otras tres comisiones asignadas (Agricultura y Ganadería; Intereses marítimos, fluviales, pesqueros y portuarios, y Presupuesto y Hacienda). Nada de eso pasó. Desde las organizaciones sociales y ambientales denuncian que los intereses inmobiliarios, agropecuarios y mineros hicieron (y siguen haciendo) lobby para que el Estado no se meta.

El domingo 29 de agosto, la Multisectorial de Humedales, ambientalistas y vecines cortaron el puente Rosario-Victoria para exigir que se ponga fin “a los nuevos focos de incendio” que devastaron las islas del Delta del Paraná y para pedir el tratamiento de la Ley de Humedales cajoneada en el Congreso.

Dos semanas antes habían realizado una travesía de más de 350 kilómetros a remo para visibilizar su pedido. Desembarcaron en CABA el martes 17 de agosto y al día siguiente, con los kayaks y los remos al hombro, encabezaron una manifestación multitudinaria frente al Congreso junto a otras organizaciones ambientalistas de todo el país.

El miércoles empezó a llover. En Rosario el olor a humo invadió la ciudad por el cambio de viento y por el agua que empezó a apagar el humedal. Hay algo de calma después de la tormenta. Pero no va a durar mucho. Y mientras tanto, el aire se contamina, la flora y fauna local muere y mientras las comsiones no tratan el proyecto de ley de humedales, corre el riesgo de que pierda estado parlamentario.

FUENTE: Cosecha Roja

Un alerta por el Río Paraná

El agua nos determina

UNO

El agua nos determina.

Los índices de ozono que se registran actualmente en nuestra estratosfera son mucho más altos que en años anteriores, un resultado directamente conectado a la falta de accionar por parte de los Estados contra el avance descontrolado de las multinacionales. A su vez, la deforestación sin programas de siembra incesante ayuda a que, por arriba y por abajo, sufra el planeta grandes centros de calor que provocan la baja de presión y son formadores de tornados

Nosotros, por vivir cerca de las latitudes del Amazonas gozamos, aún emitiendo gases de todo tipo, de una relativa buena salud que ahora comienza a verse amenazada. Y vemos que las meteorologías de esta enorme región modifican sus características hacia el extremo de lo irretornable.

DOS

Desde las selvas del Perú, donde los elevados picos de la cordillera comienzan a desaparecer, mares, selvas y ríos van haciendo un recorrido por el cual se moldea nuestro manto terrestre: todo este sistema se llama “bomba biótica”, donde la incesante evaporación hace que sobre las selvas el índice de precipitaciones sea casi constante. Este ciclo está siendo destruido por el agro, sus negocios y la perpetua deforestación.

Miles de especies van a desaparecer de forma muy veloz cuando esta falta evidente de agua en los ríos se precipite definitivamente. Será una catástrofe y como sea tendremos que cambiar nuestras costumbres para poder sobrevivir.

¿Hasta cuándo vamos a soportar esta estúpida entrega a cierta sensación de irreversibilidad? ¿Antes que las fantasías se conviertan en realidades y aparezcamos en el mismo infierno?

Parece que todo va camino a eso. Marx hablaba de cierto agotamiento del sistema para pasar a una manera distinta de relaciones de fuerza, pero seguro lo pensaba más cercano y no de forma tan nociva. Una vez más, la historia nos muestra que el nivel de tolerancia ante la injusticia puede llegar a lugares tan oscuros como la noche.

Se hacen convenciones, tratados y todas las formas en que las diplomacias pueden funcionar, pero no hay caso, todo se mantiene como un gigantesco simulacro el cual existe solo por una finísima costura de traiciones y arreglos de dinero, donde esas leyes que existen nunca pueden llegar a la realidad de cada zona.

TRES

La semana pasada llegó a Buenos Aires una caravana de kayaks que reclama por la Ley de Humedales. La Multisectorial Humedales arribó al Dique Luján. El miércoles marcharon desde Plaza de Mayo hacia Congreso para exigir el tratamiento del proyecto de ley.

Esta caravana se fue uniendo por tramos. Existe una Ley de humedales que, por ahora, permanece encajonada, como tantas otras leyes. ¿Tan fuertes son los objetivos de ciertos holdings inmobiliarios, que arrasan con la biodiversidad para convertir los humedales en countries o en suelos de cría o en extensiones enormes para sembrar soja. Estamos cambiando el orden de las estaciones por todo esto.

De alguna manera el Congreso y sus benefactores tienen que comenzar a tomar partido en el asunto porque esto, que pertenecía a la futurología, comienza a plasmarse en la realidad.

¿Acaso queremos convertir nuestro país en un gran set cinematográfico donde se puedan rodar películas como Mad Max? Decía el Indio Solari: “el futuro llegó, hace rato, todo un palo, ya lo ves”.

Los referentes de la Multisectorial precisaron que durante 2020 “se quemaron más de 400 mil hectáreas” y en lo que va de 2021 “continúa ese ritmo”. Estamos sobrepasando todos los límites geo-físicos del planeta y ya, ahora, nos encontramos inmersos en un colapso ecológico que nunca se había visto por estas latitudes.

CUATRO

Gran cantidad del agua que alimenta a nuestros ríos, como el Paraná, se forman en el pantanal, un lugar con muchas precipitaciones. Pero también este lugar está bajando de forma alarmante las precipitaciones; por la tala indiscriminada, por las consecuencias de capa de ozono y por los continuos incendios provocados para construir paradisíacos lugares en medio de la naturaleza, alterando todo el sistema biológico que viene funcionando desde hace unos cuantos milenios.

El río Uruguay tiene otra fuente de alimentación distinta que se genera en las sierras del este del Brasil donde, por su arquitectura de presiones, precipita de manera constante.

Otro gran problema a todo esto es el acuífero Guaraní que es compartido por las fronteras de tres países; Argentina, Brasil y Paraguay. Este acuífero es capaz de dar agua potable a todo el mundo durante doscientos años. Esta misma razón hizo, que, desde hace ya unos años tropas estadounidenses comiencen a entrenar ahí mismo, con un método habitual que poseen para plantar bandera. Ahora, luego de cuatro años de la catástrofe macrista, el problema es aún mucho peor. Macri entregó, por no sabemos cuántos miles, casi toda la parte argentina del acuífero a los Estados Unidos.

Por todo esto y más, cuando hablamos de la bajante del Paraná tenemos que pensar que si no actuamos de manera precoz, esta situación de una bajante que se desconocía desde hace unos 77 años, será irreversible.

CINCO

Es verdad, esta maquinaria de la destrucción va de la mano de las políticas neoliberales. Nosotros, desde ese plan Cóndor que hizo desaparecer a más de 30.000 compañeros; otros países, con otras estrategias que surgieron del Pentágono. Este sistema de acumulación y venta y ofertas y demandas tiene que detenerse.

El capitalismo tiene que morir y quedar al descubierto con la forma pegajosa y molesta de la garúa, que se instala caprichosa en el barro. Esta meteorología está cada vez más húmeda y tropical. Todavía tardan en llegar los rastros de hojas secas en las calles. El calor del verano pasa y ahora se vive un trópico acuoso y tibio que deja el verde bajo los grises cielos de un clima extraño.

Mientras veo caer las gotas sobre la pared negra y mohosa del pasillo, pienso que el agua, merecida o no, no limpia ningún alma. No deja caer ningún maquillaje, pero sí le exige al tiempo otro ritmo, otra forma de proceder.

Pienso la lluvia prolongada como un reto al movimiento natural de las cosas, un obstáculo incómodo y respetable. Agua bendita que pinta y descubre los surcos invisibles que dejaron las huellas de los días. Esos invisibles días hechos a la vez de ciénagas y caños que envenenaron los ríos. Los surcos secretos donde se cometió un crimen que tuvo un plan y una organización que derivó en un hábito. En esa repetición aparece lo anormal, el síntoma claro de los pequeños y grandes crímenes cotidianos, la punta de otro ovillo más, hasta que los surcos descubiertos por el agua se vuelven secos y el verde aparece con pequeños brotes insuficientes para tapar algo tan infame.

Pero el tiempo ayuda cómplice, el hábito apacigua las miradas, y los silencios volvieron a dejar que esta juerga esotérica se perpetúe, insolente y cínica, en el espacio simbólico de una República tan democráticamente extraña como los ciclos meteorológicos que descubren nuevos surcos hasta ahora invisibles por la regularidad del camino del agua.

Los invito a pensar las múltiples maneras de esta lucha que recién empieza, de intentar, cada uno en su sitio, mejorar las cosas. Solo quedan un par de opciones: podemos tener las fuerzas como para modificar lo inmodificable o decidir extinguirnos.

FUENTE: RUDA

Por Pablo Pagés.

Kayaks y piraguas salen este miércoles con proa a Buenos Aires por la cajoneada ley de Humedales

La convocatoria es a las 7.30 en la Rambla Catalunya. Calculan que, tras algunas paradas, llegarán a Tigre el martes próximo. Un día después, habrá marcha desde Plaza de Mayo hasta el Congreso. Son más de 300 kilómetros a remo por ambientes devastados ante la falta de regulación y control estatal

Los recientes incendios en las islas entrerrianas frente a Villa Constitución, la persistencia de la sequía y bajante del río Paraná y el augurio de un próximo verano con poca agua suman amenazas sobre el humedal del Delta y otros en el país que, todavía y pese a las declamaciones, no tienen una ley que los proteja y les fije un marco regulatorio de actividades productivas y uso de suelos. Por eso, ante el peligro de que pierda estado parlamentario el proyecto que unifica 15 textos y fue presentado el año pasado en el Congreso, la Multisectorial Humedales de Rosario (MH) confirmó que este miércoles a las 7.30 arrancará la gran travesía a remo por el “Río Marrón” desde la Rambla Catalunya hasta jurisdicción porteña. Una vez en la ciudad de Buenos Aires, la movida continuará por tierra hasta las sedes de las Cámaras de Diputados y Senadores.

Kayaks y piraguas recorrerán más de 300 kilómetros por el Paraná para hacer visible y revertir la deuda legislativa. Los organizadores tienen previsto, luego de varias paradas ya pautadas, llegar a Tigre el próximo martes 17 de agosto. Un día después, habrá una marcha desde la Plaza de Mayo hasta la sede del Poder Legislativo nacional.

El esfuerzo es grande. Tanto como la depredación del humedal del Delta del Paraná. Y no sólo por el fuego, que en la mayoría de los casos es fruto del desborde de prácticas productivas insustentables por su escala (quema para renovación de pastizales destinados a la ganadería). También, por la intervención con terraplenes para instalaciones pecuarias y agrícolas, que modifican el patrón de escurrimiento de las aguas y ponen en riesgo la fauna ictícola. Y por los desarrollos inmobiliarios que irrumpen en los paisajes frágiles de las islas. Una suma de factores con el común denominador de una exportación de actividades propias de la Pampa Húmeda a un ambiente que no las puede sostener.

Nada cambió, y la ley no sale

“El fuego volvió recargado por la codicia e ilegalidad que desde hace años lo alienta. En 2020 ardió más del 20 por ciento del Delta, casi 40 mil focos y 500 mil hectáreas quemadas. La caída en la biodiversidad está presente aún en áreas no afectadas por los incendios, lo que da cuenta de la modificación profunda que está sufriendo el territorio de
modo íntegro”, pone en contexto un reciente documento de la MH.

El año pasado, los incendios en el Delta del Paraná afectaron alrededor de 400 mil hectáreas, superficie equivalente a más de veinte veces (22,5) lo que ocupa la ciudad de Rosario completa, incluyendo las zonas no urbanizadas. La región es definida como un humedal: con una dinámica dominada por las aguas superficiales y subterráneas, cambiante y frágil, reservorio de biodiversidad, prestadora de servicios ambientales, constructora de identidad geográfica y cultural de sus habitantes.

Partirá de Rosario una remada de 7 días y 350 kilómetros para sacudir cajoneo de la ley de Humedales

Que esos ambientes se vean recurrentemente asolados por intervenciones humanas no es casualidad ni sorprende. No hay normas específicas que regulen su uso, ni agencias estatales con presupuesto y capacidad de control o sanción. El ecocidio de 2020 reavivó a la fuerza el debate: se recuperaron iniciativas anteriores, se presentaron 15 nuevas y se llegó a un texto de consenso con los aportes de todas. Pero quedó ahí.

Largo derrotero, grandes presiones

El primer proyecto normativo en el país que hizo foco en esos territorios en riesgo descritos como humedales data de 2013. Lo presentó la entonces senadora nacional del Frente para la Victoria por Entre Ríos Elsa Ruíz Díaz. La Cámara alta lo aprobó, pero se estancó en Diputados y, tres años después, perdió estado parlamentario. Lo mismo pasó con otro, que llevaba la firma del santafesino Rubén Giustiniani. Tampoco siguió su curso la reinstalación de la iniciativa por parte del fallecido Fernando Pino Solanas, en 2015.

Entre ese año y 2018, hubo ocho nuevos intentos que naufragaron al compás de los lobbies ejercidos por quienes resisten las regulaciones ambientales y la exposición social sobre sus actividades productivas.

Lo que está en danza ahora es el proyecto de ley de “presupuestos mínimos de protección ambiental para el uso racional y sostenible de los Humedales”. Hubo trabajo puesto ahí: se tomaron las 15 iniciativas presentadas y se consiguió una redacción que las contuviera.

La iniciativa obtuvo el 20 de noviembre de 2020 el visto bueno de la Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano de Diputados. Y ahí se terminó el impulso. Falta el tratamiento en las de Agricultura y Ganadería, Presupuesto y Hacienda y la de Intereses Portuarios, Marítimos, Fluviales y Pesqueros para que, si hay dictamen favorable, pase a debate en el recinto. Lo que sigue, de conseguirse la media sanción, es el envío al Senado. La MH pide un tratamiento conjunto de comisiones en la Cámara baja para acelerar el trámite.

No queda tiempo

Los incendios más recientes, frente a Villa Constitución. Foto: @ProfetaReynaldo.

Numerosas organizaciones y colectivos ambientales, instituciones académicas e investigadores destacan la urgencia de dar esos pasos. En el Delta, por ejemplo, las quemas –según declaraciones oficiales, el 95 por ciento es producto de acciones humanas– continuaron este 2021. No importaron las acciones judiciales en trámite contra los presuntos responsables, ni la instalación de “faros” de conservación, ni la promesa de controles más intensos.

No sólo son los ganaderos o empresarios inmobiliarios, que ponen sus fichas de negocios en las islas del Paraná sin consideraciones ambientales, los que obturan una ley. Los humedales reconocidos internacionalmente en el país incluyen, por ejemplo, las lagunas y esteros del Iberá en Corrientes, la región protegida Jaaukanigás en el departamento santafesino de General Obligado y las zonas de salares en la Puna en las que se realiza minería. Todos, ambientes regidos por las dinámicas de las aguas superficiales y subterráneas, cambiantes y frágiles.

El daño causado por el fuego en el Delta, como uno de los tipos de humedal que pretende proteger la ley, está siendo documentado y estudiado. Entre otros, por la Plataforma Ambiental de la Universidad Nacional de Rosario, que trabaja en la Isla de Los Mástiles y ya comprobó pérdida de calidad de suelos y alteración del equilibrio de especies de insectos terrestres por las quemas.

FUENTE: El Ciudadano

El misterioso remolino en el Paraná que se mantiene inalterable pese a la bajante histórica del río

Tiene a su alrededor mitos, leyendas, desaparición de barcos y hasta la adoración pasada de los guaraníes.

El Bairuzú, el remolino que se forma en el Paraná y que pese a la bajante se mantiene inalterable. (Misiones On Line)


Bajante. (Gentileza/Pablo Cantador/Télam)

Se trata de un remolino que se forma sobre el río Paraná y que pese a la histórica bajante del cauce se encuentra inalterable.

Se llama Bairuzú, está en la provincia de Misiones y los pescadores afirman que se lo ve “tan feroz como siempre”.

En ese sector del río se arma una serie de tres remolinos que se van sucediendo y después el proceso vuelve a empezar de acuerdo con lo que puede verse en las imágenes. Se estima que hay una profundidad de al menos 40 metros en el lugar.

Bairuzú es un fenómeno que se produce en el río Paraná, un remolino peligroso, que según cuentan los pobladores se tragó hasta barcazas. La alteración sobre el río se forma cerca de la isla Caraguatay, en cercanías al puerto de la localidad de Montecarlo.

Hace un tiempo se difundió un video donde Ramón Sorondo, presidente de la Federación Misionera de Pesca y Lanzamiento (FeMiPyL), se encontraba al mando de una embarcación acompañado de Juan Ramón Riveros, un kayakista de la provincia y ambos se aproximan al famoso “Bairuzú”.

“El ruido que genera el remolino se puede escuchar desde lejos, es muy impresionante y a la vez muy peligroso”, contó Ramón al sitio Misiones Online.

Estacionados sobre el remolino, Sorondo menciona que están a 57 metros de profundidad, donde en el fondo del río habría embarcaciones que han sido “tragadas” por el fenómeno. Asimismo, el hombre cuenta que la profundidad siempre dependerá del caudal que tenga el río.

El Bairuzú, el remolino que se forma en el Paraná y que pese a la bajante se mantiene inalterable. (Misiones On Line)

Bajante. La altura del río Paraná bajó este martes a -24 centímetros (debajo del nivel del mar), su nivel más bajo desde 1944. (Vía País)
Antiguamente, según relató Sorondo, los aborígenes que habitaban la zona lo denominaban y aseguraban que en ese sector del río había una víbora grande que se tragaba a las embarcaciones.

“Los primeros guías lo conocían como el Voirusú, que era una víbora grande que se comía a las canoas, todo lo que la madre naturaleza tenía y se manifesta era exponente para ellos, lo convierten en un Dios, son mitologías que año tras año van tomando más fuerza”, dijo el hombre.

La zona sin dudas es peligrosa por sus mitos y también por los inconvenientes que generan los remolinos, pero los que viven en cercanías al río lo aprovechan, ya que en ese lugar es muy común que los pescadores saquen piezas enormes de peces.

FUENTE: La Voz

Paren de secar al río Paraná

Lo están matando por dos pesos

Urge defender la vida del río Paraná

El río Paraná está diciendo a gritos: “¡Déjenme vivir para poder seguir recreando la naturaleza!” en su cauce y en las poblaciones linderas. Lo hace mostrando cómo han reducido el majestuoso Paraná (en guaraní: río que parece mar) a un hilito de agua en medio de bancos de arena y lodo. Los pescadores lo vienen sintiendo desde hace años, mientras que la población del Delta se está quedando varios días por semana aislada en sus casas por semejante escasez de agua (en la pandemia, estar sin agua para higienizarse las manos es atentar contra la vida). El verano pasado, entre la bajante del agua, el calor y vaya a saber qué tanto más, el agua se llenó de algas y no pudo beberse ni ser usada para bañarse o lavar la ropa.

Curiosamente, ante tamaña calamidad, el viceministro de Ambiente de la Nación, Sergio Federovisky, acaba de manifestar que el gran desafío de países como la Argentina es “la adaptabilidad” al cambio climático, o sea, generar las condiciones para un escenario que posiblemente “sea irreversible”. Explicó: “Adaptabilidad significa garantizar que, de aquí en adelante, cada vez que pueda suceder algo parecido, esté garantizada la producción de agua corriente”.

Si bien es cierto que millones de personas utilizan el agua del Paraná para beber, que semejante autoridad ambiental indique ese único objetivo a garantizar por el Estado puede ser señal de abandono para pequeñas ciudades, pueblos y poblados ribereños y del río mismo, incluyendo su magnífico caudal con toda la vida animal y vegetal que ha propiciado a lo largo de millones de años. Paisajes únicos, generadores de riquísimas culturas con frondosa historia a lo largo de sus miles de kilómetros de longitud.

Actualmente, una significativa fracción de la población argentina (todo el noreste y parte de la región pampeana) que se nutre del Paraná prevé mayores afectaciones por la bajante crónica, en tanto no se reviertan los procesos de deforestación masiva (en Brasil, Paraguay y la Argentina) realizados para plantar oleaginosas, destinadas a la exportación.

En agravamiento de la situación, el dragado del Paraná efectuado para permitir que cargueros de gran calado lleguen hasta Rosario, donde se embarcan los granos hacia ultramar, remueve el barro del fondo contaminado con metales pesados para facilitar el tránsito de esas inmensas embarcaciones cuyo oleaje termina modificando los bordes costeros, su flora y fauna, disminuyendo la biodiversidad de la región.

En resumen, las millones de hectáreas de bosques devastadas desde fines del siglo pasado para cultivar oleaginosas (soja y maíz) –destinadas a la exportación– han contribuido dramáticamente a acentuar los efectos del cambio climático, perturbando el ciclo del agua y provocando bajantes extraordinarias y crónicas del nivel del río Paraná, agravadas por el continuo dragado realizado con el fin de que el costo de los granos para los grandes exportadores (unas 10 multinacionales) sea lo más reducido posible.

La simple conclusión es que el Paraná se está secando por el negocio de los exportadores de granos, quienes por las multimillonarias ganancias en dólares que obtienen de adquirir y transportar los granos a mercados externos (principalmente China) arrasan con inmensos territorios que incluyen poblaciones humanas, animales y vegetales.

Así destruyen formas de vida ancestrales de fuertes raigambres aborígenes, íntimamente relacionadas al monte nativo, de donde se proveen de alimentos, hierbas, frutos y raíces para la salud, fibras para la vestimenta y materiales para la vivienda, las que al ser despojadas de la tierra quedan inermes. Muy pocos pobladores logran superar semejante pérdida.

El gobierno nacional ha decidido repartir fondos a las provincias afectadas para paliar la situación de emergencia. Pero nada indica que vaya a desactivar a la Hidrovía, herencia del menemismo (y ordenar que los buques carguen los granos en puertos de aguas profundas), privilegiando entonces nuevamente que el transporte fluvial, mediante el dragado permanente, ayude a disminuir los costos de transporte de granos a costa de todos los demás usos del río por parte de las poblaciones aledañas. Por demás, recientemente los exportadores reclaman –para seguir reduciendo sus costos– que se siga profundizando la Hidrovía para permitir la llegada de buques más grandes que disminuirían más aún dichos costos.

En el siglo XXI, cuando países sudamericanos como Bolivia y Ecuador introdujeron en sus respectivas constituciones los derechos de la naturaleza, los argentinos no podemos quedarnos de brazos cruzados observando a qué mayor profundidad se continuará la Hidrovía para que los exportadores aumenten sus ganancias.

Los que nos resistimos a ello lo hacemos por cómo nos afecta y porque sabemos que un río como el Paraná guarda tesoros culturales e históricos de todo tipo, siempre íntimamente relacionados con la naturaleza del río y su entorno.

Una formidable recopilación de dichos tesoros fue realizada por la expedición fluvial científico-cultural, llamada Paraná Ra’ángá, que en marzo de 2010 llevó embarcado a un grupo de 40 personas de diversas profesiones, sensibilidades, experiencias y saberes a recorrer buena parte del río, haciendo escalas por el camino luego de haber previamente programado el encuentro con personalidades notables de la cultura local (músicos, historiadores, antropólogos, poetas, lingüistas, médicos) que entrevistaban y registraban en imagen y sonido, tal como hicieron cotidianamente durante toda la expedición.

Basadas en esos registros, hoy día podrían hacerse formidables herramientas de difusión en forma de presentaciones (audiovisuales y gráficas) sintéticas, destacando la diversidad de todo tipo que encierra la cuenca del Paraná. Serían apropiadas para difundir a los cuatro vientos el patrimonio cultural que se está perdiendo junto a la actual agonía del río, bajo la premisa de que “no se puede amar lo que no se conoce, ni defender lo que no se ama”.

En esta era pandémica, en que la reconexión de las personas con la naturaleza se ha develado más necesaria que nunca, quiero convocar a las poblaciones afectadas por la bajante del Paraná a hacer masivas movilizaciones –principalmente en el río mismo– en reclamo de que no se lo siga secando. Inclusive, podría evaluarse interrumpir el paso de los grandes cargueros como una actividad de tantas de esa protesta. No nos quedemos de brazos cruzados mientras el Paraná agoniza, porque un río seco terminará siendo un río muerto.

Luchemos por nuestro derecho a seguir conviviendo con un río sano, pleno y nutriente de tantas vidas como ha sido el Paraná durante cientos de miles de años. Sumémonos a otros pueblos y comunidades a lo largo y ancho del país que salen valientemente a defender sus territorios de la megaminería, de empresas contaminadoras, de fumigaciones aéreas. Protejamos el territorio donde está nuestra historia, nuestra cultura, nuestras aves y peces. Defendamos la vida del río Paraná junto al cual tenemos todo el derecho de seguir viviendo dignamente.

FUENTE: El Cohete a la Luna

Por Horacio A. Feinstein